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Presencia de la banca

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Acaba de realizarse una importante reunión de los ge­rentes de bancos de Armenia y en ella se ha acordado man­tener en adelante un contacto permanente para examinar la vida económica de la región. En este primer encuentro, que sucede después de largo receso, se pone de presente el interés de los representantes de los bancos por constituirse en cuerpo deliberante, como sin duda lo es, para que su presencia en los destinos de la ciudad se sienta como una entidad engranada y orientada bajo co­munes propósitos.

Es la banca, por su esencia, la reguladora de los negocios y la que en nuestro medio tiene más influencia en el desarrollo de la comunidad. Las gentes acuden a los bancos en demanda de recursos crediticios para empujar sus actividades económicas y cuentan también con la ase­soría de organismos especializados en irrigar recursos con fines útiles. No todo crédito cumple una finalidad social, y esto es evidente cuando contribuye a crear efectos especulativos o inflacionarios.

La banca en nuestra ciudad, de larga y meritoria exis­tencia, ha sido siempre la gran orientadora de la vida económica y ha participado en forma decisiva en los pro­gramas más importantes del servicio público. Conforme Armenia ha venido creciendo y transformándose en el cen­tro pujante que hoy es, nuevos bancos han abierto operaciones en la plaza y otros estudian la misma posibilidad para el futuro inmediato. Todos emulan en la sana compe­tencia de prestarle un servicio a la comunidad, y no siem­pre, valga la pena mencionarlo, dentro de las condiciones más ambicionadas, porque el decaimiento económico que muestra la región en los últimos tiempos restringe la actividad bancaria.

Habría que deducir que si el cliente necesita del banco, el banco no puede prescindir del cliente. Esa mutua colaboración es la que hace posible que la banca flote y se desarrolle como negocio rentable que no puede dejar de serlo.

La banca colombiana es de las más respetables del continente. Y eso, en lo local, es apenas un reflejo de la situación nacional. Por diversas causas se había venido posponiendo la necesidad de aglutinar en una sola fuerza estos empeños aislados de trece entidades que funcionan con iguales propósitos. Se nota ahora especial interés en mantener estas reuniones frecuentes como un imperativo para participar con mayor claridad e influjo en los programas de Armenia, y también, desde luego, para vigilar la vida de los negocios y controlar los propios sistemas.

La Patria, Manizales, 9-IV-1981.

 

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El morbo de la política

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

¿Será usted capaz de combatir la politiquería, señor Gobernador? ¿Lo será usted, señor Alcalde? Cada uno lo ha afirmado en su discurso de pose­sión. El pueblo cree en sus buenos propósitos, pero tiene razones para dudarlo. De entrada han demostrado que quie­ren hacerlo. Han formado sus gabinetes con personas alejadas de las pasiones políticas, la mayoría de ellas identificadas con las urgencias cívicas.

Es buen comienzo, sin duda. Alrededor de estos nombramientos se ha producido caudaloso plebiscito ciu­dadano, lo que indica la aspiración de la gente de contar con elementos capaces. El deterioro vendrá después, afirman muchos. La garra de la politiquería se im­pondrá más tarde, aunque quiera evitarse. Por ahora nos atenemos a los hechos y expresamos optimismo por que la nueva administración del Quindío, que tiene categoría e independencia, logre mantenerse protegida contra los viejos vicios.

El doctor Héctor Agudelo Zuluaga ha pronunciado un excelente discurso al posesionarse de la Alcaldía. En tono reposado y sencillo, sin grandes anuncios y alejado de la ostentación, mostró su voluntad de querer servir con eficacia los intereses de la comunidad. Manifestó que no es hombre de odios y que, por el contrario, está abierto a todas las opiniones y dispuesto a escuchar consejos. Agregó que su administración no será botín de nadie. Es su mejor anun­cio y ojalá tenga en el decurso de los días la necesaria entereza para no dejarse comprometer ni desviar.

La política, que es el arte de gobernar los pueblos, cambia de ropaje cuando pretende apoderarse de los cargos como única bandera de combate. En tal forma suele equivocar sus finalidades, que hace de la burocracia su razón de ser.

Olvida que en sus manos está la suerte de la comunidad y, sin mayores reflexiones, desvía la labor gubernativa en la discu­sión de un puesto secundario. A las casillas del presupues­to se llega con rótulo partidista, pero sobre todo con afán de enriquecimiento. Hay ociosidad e ineficacia, porque no existe la verdadera carrera administrativa donde se exijan méritos como única fórmula de comportamiento.

A los empleados públicos les interesa, ante todo, estar bien apadrinados. Esta condición, que suele ser el pasaporte para obtener un nombramiento, es la que más debiera combatirse. Los gobernantes gastan la mayor parte de su tiempo resolviendo menudos pleitos de la burocracia. O sea, viven presionados por la politi­quería. Las grandes obras, mientras tanto, quedan aplazadas. El pueblo, angustiado y urgido de soluciones, presencia con desconcierto esta rebatiña de apetitos e intrigas y no ve la acción de sus personeros en los altos mandos de la admi­nistración.

Confiemos en que los doctores Niño Díaz y Agudelo Zuluaga, dos voluntades dispuestas a orientar los asuntos pú­blicos bajo otros lineamientos, sean en realidad capaces de defenderse contra el morbo de la política, el mayor desastre de la vida colombiana. Por lo pronto, la ciudadanía los respalda y los aplaude.

La  Patria, Manizales, 2-IV-1981.

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Ministerio de Cultura

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En su gira por el Quindío expuso el doctor Virgilio Barco la idea de crear el Ministerio de Cultura como fórmula para impulsar el desarrollo intelectual y artístico del país y preservar las expresiones autóctonas del pueblo. Una rama del Estado que tenga el necesario dinamismo y recursos económicos más generosos para acometer tan magna empresa, vendrá a ser la gran orientadora del inmenso patrimonio espiritual que anda disperso y a veces huérfano de protección.

No se descartan los logros del Instituto Colombiano de Cultura. Las bases están puestas para pensar más en grande. Esta entidad ejecuta, con grandes dificultades, excelentes programas y se ha puesto a la vanguardia de este empeño incentivador. Sus realizaciones de los últimos años son elocuentes. Ha sido la abanderada del libro colombiano, libro económico y bien presentado, a la par que bien escogido para que llegue a todos ­los públicos. Ha rescatado obras inéditas y olvidadas y estimulado las nuevas creaciones. Ha despertado interés por los museos y las casas de cultura, al igual que por la música y el teatro. Pero no alcanza a llenar todos los frentes, y a la provincia llega con menos vigor.

Tan amplia gama de servicios, no siempre justipreciados, representa uno de los avances significativos de los últimos gobiernos, que han emulado en estos nobles propósitos. Hoy se impone una acción más audaz. El Ministerio de Cultura tendría mayor campo de acción. Y no se trataría del simple cambio de nombre, sino de buscar engranajes más adecuados. De entidad subalterna que es Colcultura, limitada por presupuestos estrechos y sin el suficiente influjo en las grandes decisiones nacionales, pasaría a ser la rectora de una activi­dad que no tiene aún toda la dinámi­ca que se requiere.

Todo cuanto tienda a elevar el nivel intelectual del pueblo y que efec­tivamente lo consiga, será un paso más en la civilización. El hombre no logra su pleno desarrollo mientras culturalmente permanezca atrasado.

El actual Ministerio de Educación, que es el encargado de vi­gilar y fomentar los planes pe­dagógicos y de alfabetización, apenas consigue flotar entre las crisis permanentes del profesorado y las protestas estudiantiles, fenóme­no de los nuevos tiempos. La cultu­ra se ve en muchos casos relegada a segundo plano y por eso reclama herramientas más efectivas para su orientación como una de las fuerzas más poderosas de la sociedad.

La idea del doctor Barco es útil para cualquier Gobierno y no debe mirarse sólo como una bandera elec­toral. Llevarle cultura al país es defen­der su libertad y asegurar la digni­dad humana.

La República, Bogotá, 31-III-1981.

 

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Un buen comienzo

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Con magníficas perspectivas inicia el doctor Jesús An­tonio Niño Díaz su segunda Gobernación. Sobre él habrá que decir que es, ante todo, buen administrador. Así lo ha demostrado en sus negocios particulares, y también en la vida pública, hace siete años, durante su primera Goberna­ción. Ha estado estrechamente vinculado al desarrollo de Armenia y es profundo conocedor de problemas y cer­tero aportante de ideas y soluciones.

Llega con mayor experiencia y también con más libertad política. Consigue de entrada la aceptación de un gabinete conformado por personas sin demasiados nexos políticos, pero con la suficiente prestancia para haber despertado un entusiasta respaldo. Son sus colaboradores elementos serios y distinguidos. Varios de ellos sacrifican sus actividades particulares para prestar su concurso en momentos difíciles para la región y sobre todo para Armenia.

El Quindío necesita gobernarse, como el país, con representación política, porque esta es indispensable para mantener la armonía entre los partidos, pero primero ha de prevalecer el criterio técnico para poder dirimir con acierto los complejos retos de la administración. El anuncio del doctor Niño Díaz de que gobernará con criterio técnico y luchará contra la politiquería, es noticia saludable y a ella habremos de confiarnos.

Su propósito de dispensar la máxima atención a las dificultades que vive la ciudad de Armenia, sometida en los últimos tiempos a grandes deterioros, se recibe con regocijo y con esperanzada expectativa. Habrá que convocar a las gentes de buena voluntad, y sobre todo a los políticos de todos los partidos, para que salven a Armenia del caos a que ha llegado.

Se necesita una acción dinámica y de conjunto, sin egoísmos ni ambiciones personalistas, para buscar las fórmulas de emergencia que reclama en el momento esta capital frenada en su desarrollo y que exige para el futuro obras  mucho más vertebradas.

Como hombre de buena voluntad, el doctor Niño Díaz, más curtido ahora de experiencias que en su primera salida pública y con excelentes relaciones en el alto Gobierno, se encargará de hacer una administración superior a la primera. Ese es el reto que recibe.

Cuando promete que será un gobernante para todos los ciuda­danos, justo y equilibrado, se siente confianza en el porvenir. La opinión pública, que hoy lo elogia, también será severa para enjuiciarlo si mañana cambia de ruta. Nada tan deseable como esperar de él los mejores resultados.

La Patria, Manizales, 27-III-1981.

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¡Viva el candidato!

domingo, 16 de octubre de 2011 Comments off

Humor a la quindiana

Por: Gustavo Páez Escobar

Nuestra tierra quindiana, pequeñita y acogedora, ha estado visitada en los últimos días por importantes perso­najes nacionales.

Ellos vienen, miran, escuchan, ríen, huelen, hablan y se van… Como estamos en época preelectoral, habrá que gritar: ¡Viva el candidato! No todos nuestros ilustres huéspedes son candidatos, pero todos son expertos en política. En el país comienza a agitarse este animal grande que llaman la política, que se meterá, ya lo verán, en todos los entresijos de la nacionalidad. Veamos algunos perfiles de la nación captados por el hombre común de la calle, como un dibujo de la picaresca pública que de ahora en adelante tomará mayores proporciones:

Belisario

Primero habló en el escenario del Club Rotario, con carisma y autenti­cidad. Desmenuzó con buen tino sus inquietudes. Después fue a untarse de pueblo. Desayunó con chorizos y arepa montañera. Se ganó simpatías, porque sabe llegar a las masas.

—Pero Álvaro no quiere dejarlo… Tiene también ganas de presidencia…

—Si Álvaro se lanza, le va mal. Ya sucedió una vez. Él es experto en unir a los liberales.

—Y hacernos perder a los conser­vadores. Inteligente el hombre, pero con muchas resistencias… ¿Por qué no dejará a Belisario…?

Belisario, mientras tanto, seguía di­choso con su arepa quindiana, en pleno sector de las galerías. Aquí la arepa tiene el mismo sabor de la antioqueña, pero es más deliciosa cuando huele a votos.

Otto

No vino. Nos dejó con los crespos hechos y los manteles servidos. A última hora lo atacó un virus traicio­nero. Iba a hablar de problemas sociales, de cuestiones agrícolas y del salario integral.

—Será el candidato de reserva, cuando se quemen los otros. Tengo listo mi voto por él –sostiene Pedro Pueblo.

—No lo dejarán –anota Juan Ca­cique.

— ¡Lo veremos! Es hombre pre­parado y digno. Representa la moral que otros vulneran. Además, sabe reír y hablar con optimismo…

—Pero no quiere jalarle a politique­rías. Detesta las mafias y los caci­cazgos. Tiene ganas y no las tiene. Así se deduce de sus cartas a María Elena.

—Son estrategias, compadre. Acuérdese de lo que le digo y no se deje embobar con Santofimio.

Zea

En ausencia del Presidente, que nos sigue debiendo la visita, vino Zea. En sólo tres letras cabe el personaje amable y señorial. Lo trajeron la Sociedad de Mejoras Públicas y el Club de Jardinería.

Lo bajaron del avión y se lo llevaron a mostrarle nuestros hundimientos y desaseos. Esto mismo ocurre en todos los sitios del país, pero en Armenia una avería mantiene la ciudad en emergencia y un basurero gigante atenta contra la salud pública. El Ministro vio, olió, estornudó… Y como la ciudad tiene magníficos parques, lo llevaron después a inhalar el perfume de las flores.

Se hacía el indiferente cuando le hablaban de política, y contestaba con una sonrisa. Oyó cuanto quisieron susurrarle las damas y era de oídos sordos cuando los políticos intentaban comprometerlo. Todo lo captó, con su innata sagacidad, y se abstuvo de formular precisiones fuera de pro­grama.

— ¡Viva el candidato! —gritó al­guien, y el ministro sonrió.

Barco

Habló de café en el escenario del Club Rotario. A Barco también lo llevaron a la zona del hundimiento y al basurero gigante. Pero como la invitación no era de las damas jardineras, las flores fueron escasas. Por eso estornudó más que Zea. Los políticos se apoderaron de él y lo hicieron hablar en la casa liberal. Todos se lo disputaban.

—Dice cosas importantes, compa­dre, pero no se le entienden…

—Es que usted no quiere entender bien las cosas. ¿No ve que es el candidato de arriba? Y será presi­dente. Tiene buenos padrinos.

—Pero se le puede dañar el cami­nado. ¿No lo vio caminando por el basurero? ¡No lograba soltarse, compadre! Al pueblo le gustan más los Ottos y los Belisarios…

Santofimio

A los ocho días llegó el candidato disidente. Hizo el mismo recorrido que su antecesor. También vio, olió, hus­meó… Despotricó contra las oli­garquías y los dueños del partido. Sus blancos preferidos: Lleras y Echandía.

Marconi Sánchez, su anfi­trión y compadre (Santofimio tiene 500 ahijados), lo puso a botar corrien­te, sin reparar en los racionamientos. Sirvió de padrino de un hijo del direc­tor de la cárcel, y Marconi anotó que con Barco no había sucedido lo mismo, porque éste no lleva en sus maletas discursos de bautizos.

—Óigalo, compadre, cómo habla de bueno. Por él sí provoca votar.

—Pero habla demasiado. ¿Y qué me dice del famoso expediente…?

—Son calumnias, compadre. Es el segundo Gaitán, según dice él mismo. Tiene buena figura y sabe ser irrespetuoso, ¡qué caray!

—Pero dividirá al partido y ahí sí perdemos.

—Entonces saldrá López y nos sal­vará…

El Club Rotario, escenario de la inteligencia, traerá en los próximos días a Álvaro y a Augusto. Así se completará la baraja presidencial. En Armenia, un candidato, para ganarse las simpatías populares, debe apren­der a mezclar los buenos y los malos olores.

Pedro Pueblo y Juan Cacique, que no están todavía muy decidi­dos, no cesan de gritar en cada ocasión: ¡Viva el candidato!

El Espectador, Bogotá, 30-III-1981.

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