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El encanto de los parques

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Colombia es un país maravilloso por su diversidad y riquezas ecológicas. Existen 56 áreas protegidas (parques, reservas naturales, santuarios de fauna y flora) y un número indeterminado de parques temáticos. Estos últimos, ideados para resaltar la cultura, las costumbres y las joyas autóctonas, son obras de arte que muestran atractivas facetas regionales. Por medio de los parques se descubre el alma de los pueblos, se entienden la historia y las leyendas que forman el acervo cultural y se alimenta la fascinación. Son sitios apropiados para el deleite, el descanso y el conocimiento.

De plácemes está la zona cafetera situada en Caldas, Quindío, Risaralda y el norte del Valle con motivo de la declaratoria que de este territorio hizo la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Zona privilegiada por sus bellos paisajes, sus pintorescas casas campesinas adaptadas como parajes hoteleros, el colorido de sus cosechas y la amabilidad  de sus habitantes. Su geografía es un poema al café. Un canto a la vida. Con estas líneas se hace un recorrido por algunos parques de la región y del país, para apreciar, a través de estas muestras, los portentos que tiene Colombia en su ecología y en sus tesoros artísticos.

En Montenegro se encuentra el Parque Nacional del Café. Allí, desde una torre mirador de 18 metros de altura, se divisa el embrujado panorama quindiano. Y se dispone de una serie de diversiones mecánicas (como la montaña rusa) y de diversos shows para la familia. Un grato paseo se realiza por los senderos ecológicos, las casas campesinas, el cementerio indígena, el tren del café, el teleférico, el jardín de las fábulas… En “El secreto de la naturaleza” surge una sensacional atracción movida por pantallas holográficas que exhiben la flora y la fauna del país. En el “Show del café” se ofrece la historia del grano con la magia de 22 artistas que conducen al espectador por las regiones productoras y le enseñan las bellezas de la tierra colombiana.

En Quimbaya se halla el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria (Panaca), que hace una interacción entre la ciudad y el campo y destaca las labores agropecuarias como nervio de la economía nacional. El visitante descubre aquí un mundo divertido manejado por jinetes acróbatas, carrozas tiradas por hermosos caballos, graciosos trovadores y otras sorpresas admirables. En el parque residen más de 4.500 animales, entre los que merecen destacarse los avestruces (el ave más grande del mundo), 16 razas de gatos de todo el planeta y una selección de simpáticos cerdos. Para las emociones fuertes se cuenta con un cable extenso bautizado con el nombre de Canopea Panaca, que lleva a los visitantes a más de 80 kilómetros por hora en medio del fascinante paisaje quindiano.

En la carretera que une a los municipios de Montenegro y Quimbaya se localiza el Parque Cultural Los Arrieros, de reciente fundación, donde se enaltece uno de los símbolos más auténticos de la raza paisa, el de la arriería. En este recinto se retiene y evoca el pasado a través de escenarios históricos, exposiciones y otras alegorías que reviven las epopeyas de los bravos colonizadores que descuajaron montañas e hicieron surgir poblaciones.

Los amantes de la naturaleza admirarán en el Jardín Botánico del Quindío, situado en Calarcá, una expresión espléndida de la fauna y la flora, en medio de senderos, jardines, árboles centenarios y fuentes cristalinas de agua. Una de las mayores atracciones es el mariposario, construido con una forma gigante de mariposa. Este pedazo de bosque natural es un mensaje para amparar la vida de los insectos y las plantas, fortalecer los suelos, cuidar los árboles y consentir el agua, dones básicos para la existencia humana. Es un jardín edénico convertido en taller de investigación científica que atrae el interés del caminante hacia los dones de la naturaleza y la vida.

A 42 kilómetros de Cali se halla el municipio de El Cerrito, donde se localiza el Museo de la Caña de Azúcar en la hacienda Piedechinche. Lugar especializado en la conservación de los utensilios que tienen que ver con el cultivo y el proceso de la caña de azúcar. Su sede es una típica casa del siglo XVIII rodeada de preciosos jardines. Sitio de enorme belleza ambiental que recoge la historia de la industria azucarera del Valle del Cauca, que tuvo sus primeros trapiches en esta zona.

Sobre la carretera Panamericana, a tres kilómetros de Buga, se llega al Parque Natural El Vínculo, dedicado a la investigación científica, la preservación de la fauna y la flora, la conservación del paisaje y el ecoturismo. Sitio ideal para el contacto con la naturaleza en las 80 hectáreas que lo conforman, que puede recorrerse en animadas caminatas y que está constituido por bosque seco tropical. Allí se protegen especies exóticas que se han ido extinguiendo en otros lugares, como los písamos, las palmas zanconas, los caracolíes, los guásimos, las pavas de monte, las águilas caracoleras o los venados coliblancos.

Si el viajero quiere cambiar de panorama, puede tomar la vía de Manizales y buscar el Parque de Los Nevados, uno de los espectáculos más imponentes que ofrece el mapa de Colombia. Este parque natural está situado en jurisdicción de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima, en 58.300 hectáreas de extensión. Territorio majestuoso de nevados (como el del Ruiz), lagunas, alturas impresionantes que pasan de 5.000 metros sobre el nivel del mar, y fauna diversa, como el tapir y el oso de anteojos.

En fin, son variados los espacios para encontrarnos con este lindo país que, a pesar de los atropellos forestales y de la indiferencia cultural de muchos colombianos, conserva su esencia pastoril y mantiene sus valores, su historia y tradiciones.

Revista Naturaleza y Descanso, Armenia, diciembre de 2011.

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El Quindío rechaza la minería

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Poe: Gustavo Páez Escobar

El presidente Santos fue al Quindío a escuchar la inconformidad regional hacia la actividad minera que ha tomado impulso en el país, y que en el caso de este departamento comprometería un alto porcentaje de su territorio.

El jefe de Estado fue claro en manifestar que en los planes del gobierno está el apoyo a la minería en sitios estratégicos, pero “no podemos dar autorización para que se desarrollen actividades mineras en la zona del Paisaje Cultural Cafetero”. Esta declaración la hizo el 13 de este mes en el marco del Acuerdo por la Prosperidad, como se denominan ahora los foros que realiza el alto gobierno con las autoridades y las fuerzas vivas de la opinión pública en las diferentes regiones.

Precisión necesaria esta de frenar de manera tajante los proyectos que habían venido avanzando para la explotación y exploración del suelo quindiano con finalidades propias de la gran minería. La comunidad se opone a dichas intenciones, estimuladas por el propio gobierno nacional, al considerar que de esa manera se atentaría contra la riqueza forestal, se empobrecería la tierra y se causarían daños inmensos, de tipo social y económico, a la actividad agrícola y a la industria turística afianzada en los campos, y que en los últimos tiempos representa uno de los renglones de mayor productividad regional.

Por otra parte, sería un contrasentido que mientras la Unesco premió al Quindío y otros departamentos cafeteros al declarar sus entornos como Patrimonio Cultural de la Humanidad, se degradara el paisaje con las ejecuciones de la minería, que resultarían lesivas para la belleza de los cultivos. Esa belleza lleva implícita la preservación de la ecología. Salirse de ese cauce equivale a un atropello contra la naturaleza.

Un caso reciente donde la propia comunidad se opuso a la explotación minera se vio en Santander, respecto al páramo de Santurbán. Este páramo, que abarca más de 60.000 hectáreas en las que se afinca un valioso ecosistema formado por más de 40 lagunas, centenares de riachuelos y densa vegetación centenaria, es al mismo tiempo abundante en oro, plata y otros  minerales. ¿Qué estaba primero: el oro que da riqueza o el agua que da vida? Los santandereanos, con su gobernador a la cabeza (como los escuchamos en forma persistente durante los días del debate), se fueron por el segundo camino y salvaron para la posteridad su tesoro ecológico.

En el Quindío, su gobernador Julio César López Espinosa y la defensora regional del pueblo, Piedad Correal Rubiano, lideraron el movimiento colectivo en que los quindianos rechazaron la invasión de la minería que se veía llegar. Además hicieron acto de presencia los gremios cafetero, ganadero y turístico, la Cámara de Comercio, las organizaciones ambientalistas, indígenas y campesinas, al igual que algunos alcaldes, concejales y diputados. Y le presentaron al presidente Santos el clamor ciudadano para que se detenga el proyecto minero que, siendo propicio para otros lugares, sería funesto para el Quindío.

El mandatario atendió con buen ánimo estas razones de peso. Por encima del afán de lucro se ha impuesto la sensatez ante una medida desestabilizadora para el bienestar de una región tan progresista como es el Quindío.

El Espectador, Bogotá, 25-VIII-2011.
Eje 21, Manizales, 26-VIII-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 27-VIII-2011.

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Comentarios:

Nosotros en el Tolima también rechazamos ese atentado contra la vida de mucha gente que pretende imponer las transnacionales con el visto bueno de ciertos gobernantes. Afortunadamente el presidente Santos parece distinto a otros. Aquí, en Cajamarca una firma surafricana, la Anglo Gold Ashanty, quiere convertir  parte de nuestra Cordillera Central en un desierto, envenenar las aguas con cianuro, mercurio y algo más. Nos oponemos a ese atentado ecológico que acaba con ríos, quebradas y perjudica, además,  gran parte del plan del Tolima y el Magdalena. Aquí crece el descontento y aumenta la protesta contra la explotación de La Colosa,  ubicada a espaldas del Patrimonio Cultural de la Humanidad declarado por la Unesco. José Antonio Vergel, Ibagué.

Debemos machacarle a ese tema a ver si logramos crear algo de conciencia entre la gente, antes de que lleguen los depredadores extranjeros y nos dejen este país convertido en un desierto. Qué bueno que todos pudieran ver lo que queda del río Dagua en el Valle del Cauca; dan ganas de llorar. Esta columna es un grito de alerta para quindianos y residentes en todos los rincones del país. Pablo Mejía Arango, Manizales.

Muy bien por los quindianos, saben lo que tienen y no lo arriesgan. De los buenos días (correo a El Espectador).

Excelente artículo. Es curioso que aún se pueda hablar de personas con dignidad en esta narco-republiqueta bananera; y más increíble aún que un Presidente les haga caso. Ojalá sea cierto que se va a respetar el ecosistema por encima de los intereses de las multinacionales. JDNA (correo a El Espectador). 

Los quindianos debemos oponernos a la minería en nuestro territorio como si se tratara de la llegada del Apocalipsis, porque eso sería la minería para nuestro pequeño departamento, tan rico y variado en ecosistema como frágil. La naturaleza nos premió con un territorio bello y exuberante en sus paisajes y naturaleza. La misma naturaleza concentró tanto en un territorio tan pequeño con todos los climas, que esto parece increíble. Por eso debemos decirle no a la minería sin titubear. Juanquindío (correo a La Crónica del Quindío). 

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Discurso de Cantinflas

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Hace 100 años, el 12 de agosto de 1911, nace en Méjico un personaje singular: Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, quien cambiaría su  larga denominación por un solo vocablo: Cantinflas. Muere el 20 de abril de 1993.

El motivo para formar dicho apelativo hace parte de la leyenda que el actor creó en el cine mejicano. El que mejor parece descifrar el acertijo es Carlos Monsiváis, quien comenta lo siguiente: cuando el joven Mario Moreno fue a pronunciar un texto que debía decir en la carpa Ofelia, entró en pánico y olvidó su monólogo original. Ante semejante embrollo, prorrumpió en una serie de frases y palabras inconexas que hicieron reír al público. Esto le hizo descubrir su vocación para la comicidad. Algún asistente  le gritó algo así como “cuánto inflas”. Con estas palabras se acuñó más tarde el nombre de Cantinflas.

El actor había pronunciado su primer discurso. Discurso que bajo diversas facetas repetiría en todas sus películas. Proveniente de los barrios pobres, perteneciente a una familia de doce hermanos, hijo de un humilde cartero, boxeador a la fuerza para ganarse la vida, Cantinflas es el vocero auténtico de los desprotegidos. A su gracia une su sensibilidad hacia las causas sociales. Caracteriza en el cine a un tipo humano en el que las grandes masas populares se sienten representadas.

Domina el arte de hablar sin decir nada. Sin embargo, se hace comprender de todos. Su trabalenguas se vuelve magistral y único. Se le llama el “Charlie Chaplin de Méjico”. Su fama lo lleva a participar en la superproducción de Hollywood La vuelta al mundo en ochenta días. Ejerció el cargo de presidente de la Asociación Nacional de Actores y fue el primer secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Producción.

Su mejor actuación oratoria está en la película Su Excelencia (1966). Lopitos, la figura que representa, un burócrata de la república de los Cocos, es nombrado embajador y debe pronunciar el último discurso en una asamblea mundial. Se le presenta un problema al tener que tratar el conflicto entre los dos grandes bloques del poder: los Verdes (el sistema capitalista) y los Colorados (el sistema comunista).

Confiesa que su pequeño país no tiene poderío militar, ni económico, ni mucho menos atómico. Pero será decisivo en el triunfo de una de las dos potencias. “Estamos viviendo un momento histórico –dice– en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo”.

Y se explaya en serias reflexiones, como las siguientes: “Tan fácil que sería la existencia si tan solo respetáramos el modo de vivir de cada quien” (…) “debemos luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio“ (…) “debemos luchar por el bien colectivo e individual, por combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento” (…) “el señor embajador dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión, y yo me pregunto: ¿para qué queremos automóviles, si todavía andamos descalzos?”.

Del primer discurso en la carpa Ofelia, al de 1966 en un escenario mundial, Cantinflas ha evolucionado en dicción e ideas. Ahora es gran estadista. Pero no abandona su peculiar juego de palabras. Ahora habla más claro, para que lo entiendan los gobernantes del mundo.

Así concluye su discurso de hace 45 años, que es válido para el momento actual: “…si tan solo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace 2.000 años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: ‘amaos, amaos los unos a los otros’, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos y qué es lo que han hecho, qué es lo que hacen: ‘armaos los unos contra los otros’. He dicho”.

El Espectador, Bogotá, 19-VIII-2011.
Eje 21, Manizales, 21-VIII-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 23-VIII-2011.

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Comentario:

Daba vueltas por la web tratando de encontrar la mejor descripción que pudiese sobre la genial película de Mario Moreno -Cantinflas-, Su Excelencia, y me encontré con ese gran artículo que usted escribió en Eje 21. Me he tomado la libertad de publicarlo en mi blog paseandoteporelperuyelmundo.blogspot.com, junto con la película completa que bajé de Youtube. Usted condensa toda la esencia de aquella memorable película en su maravilloso artículo, y por eso quería felicitarlo. Como lo he puesto con su nombre, espero que no le moleste que lo haya utilizado, pero no me resistí al leer una crítica tan bien hecha y que resume todo lo que cualquiera quisiese decir con tanta honradez sobre la película. Lucy Valdivieso, peruana residente en Estados Unidos, 10-I-2014.

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Las luces de París

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En carta de Ernest Hemingway a un amigo (año 1950), le dice lo siguiente: “París te acompañará, vayas donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue”.

En 1964 fue publicada en Estados Unidos su obra póstuma titulada París era una fiesta, en la cual recoge sus recuerdos vividos en París entre 1921 y 1926, con  Hadley Richardson, su primera esposa, ciudad donde eran “muy pobres, pero muy felices”. El paso de Hemingway por París marcó su existencia. Allí se conformó la generación perdida, grupo de notables escritores que sufrieron las atrocidades de la Primera Guerra Mundial y vivieron en París y en otras ciudades europeas.

Como resultado de aquella experiencia fueron escritas varias obras famosas que todavía hoy, trascurridos 90 años, mantienen alto renombre en la literatura universal. Woody Allen –actor, guionista y director de cine, y además escritor– nació en 1935, varios años después del surgimiento en París de ese grupo de intelectuales perturbados por la guerra, al que se sumaron pintores y otras figuras del arte mundial.

Woody Allen se enamoró de París hace muchos años. Rastreó la vida de esa gente famosa y deseó haber hecho parte de dicha generación. En tal forma se compenetró de la atmósfera intelectual y bohemia de la Ciudad Luz, que la  imagen parisiense se le volvió obsesiva. Soñaba con retratar en el cine el alma de la ciudad. En 1971 publicó el cuento Memorias de los años 20, donde queda reflejada su pasión por ese tema absorbente.

Su actuación como productor de cine había sufrido un descenso notorio en la última década, luego de los triunfos resonantes logrados años atrás. Era preciso reconquistar el prestigio perdido. Y puso la mira en París. Esa era la amada secreta que lo llevaría de nuevo a las cumbres de la gloria. Con su varita mágica le dio vida a una película donde reunidos el talento con la fantasía, el ingenio con el humor, el hechizo con la realidad, brotaba el sueño que siempre había acariciado: Medianoche en París.

Supusieron los escépticos que se trataba de una película más, tal vez la más opaca del director que se había detenido bajo la decrepitud de su arte, y que ya no lograba levantar vuelo. Creyeron  que no lograría superar, a los 75 años, las marcas de otros tiempos. Cuando abrieron los ojos, se encontraron con que era la película más taquillera del director norteamericano, con casi 42 millones de dólares vendidos en Estados Unidos en corto tiempo, por encima de Hannah y sus hermanas, uno de sus mayores éxitos.

París, mágica y sensual, deslumbradora e indescifrable, surge de la aventura nocturna vivida por una pléyade de escritores y artistas con los que el propio Woody Allen –encarnado por Gil Pender (Owen Wilson), su álter ego en el film– dialoga en los días actuales como si con ellos hubiera estado en los años 20 del siglo pasado. Los lleva a pasear, como en sus mejores noches, por las calles y los escenarios de la belle époque, dormida en el esplendor de la ciudad imperecedera. Picasso, Scott Fitzgerald, Dalí, Eliot, Gertrude Stein, Ezra Pound… certifican que París era una fiesta (sigue siéndolo), y exponen esa mezcla de realidad y ficción con que Allen idealiza su sueño alucinante.

Medianoche en París es un poema. Una visión a la vez alegre y nostálgica del ayer diluido bajo el embrujo de las luces nocturnas, que tal vez son la mejor forma de revivir el pasado volviéndolo presente. Eso fue lo que forjó Allen como un tónico y una seducción para su genio creativo, para su espíritu en constante vigilia, que no podían resignarse a la decadencia.

El Espectador, Bogotá, 11-VIII-2011.
Eje 21, Manizales, 12-VIII-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 13-VIII-2011.

Jorge Eliécer Ruiz

sábado, 11 de febrero de 2012 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Con la muerte de Jorge Eliécer Ruiz, el pasado 26 de marzo, desaparece el último sobreviviente del estado mayor de la revista Mito. Fundada en 1955 por Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus y Hernando Valencia Goelkel (oriundos de los dos Santanderes y nacidos en los años 20 del siglo pasado), la revista contó con selecta nómina de colaboradores, como Pedro Gómez Valderrama, Jorge Eliécer Ruiz, Fernando Charry Lara, entre otros.

Está considerada como el hecho literario más importante del siglo XX. Fue tan marcado su influjo, que le dio el nombre a toda una generación. Su mayor acento se encaminó a despertar la conciencia del país sobre el viraje que debía darse hacia una posición de izquierda, no en el neto sentido político, sino sobre todo de ruptura del tradicionalismo. Y respetó la presencia en el grupo de algunos importantes adherentes del Partido Conservador. Lo que en realidad interesaba era la liberación del pensamiento.

Mito buscaba como base fundamental romper el marasmo de las ideas tanto en el campo político como en la concepción estética de las letras y el arte. Quería que las vanguardias ignoradas que insurgían en el país encontraran caminos para expresarse. Para lograrlo, era preciso variar los moldes tradicionalistas que no permitían pensar ni obrar con ideas frescas. El maestro Valencia, siendo tan importante en su preciosismo poético, era al propio tiempo un freno para la evolución de las nuevas generaciones.

Este paso adelante lo dio Mito. Su existencia, de solo siete años (1955 a 1962), durante los cuales publicó 42 números, representó una revolución en la literatura colombiana. La revista llegó a su final con la muerte de Jorge Gaitán Durán en accidente de aviación, en 1962, cuando regresaba de París enviaje de vacaciones. Dos años más tarde moría Eduardo Cote Lamus en accidente automovilístico en la carretera entre Pamplona y Cúcuta.

Después fueron desapareciendo los otros integrantes del grupo, que llegaron a ser numerosos. Sobre Jorge Eliécer Ruiz era poco lo que se sabía en los últimos años. Se marginó de toda actividad. Yo llevaba años sin verlo, hasta que me enteré de su muerte por un aviso fúnebre de El Tiempo.

Toda su vida estuvo consagrada a la educación y la cultura. Deja en estos campos una gama de brillantes realizaciones que se quedaron (triste es decirlo) en el pasado nebuloso que crea la amnesia de los tiempos. Su nombre poco le dirá a la época actual. Pero sus actos no pasarán inadvertidos en las memorias universitarias y culturales, que es donde deben permanecer.

Escritor, ensayista, poeta y crítico literario, vivía en función de estudiar, pensar y crear. Estuvo vinculado a las universidades Distrital, Nacional, Jorge Tadeo Lozano y Central, unas veces como directivo y otras como asesor. Fue director de la Biblioteca Nacional, subdirector de Colcultura, secretario general del Ministerio de Educación (cuando no existía el cargo de viceministro), consultor de la Unesco y de las Naciones Unidas, consejero cultural de los presidentes Belisario Betancur y Virgilio Barco.

Autor de los siguientes libros: Sobre los estudiantes y la política, Troksky y la revolución, Cultural policy in Colombia, Memoria de la muerte (1973), Política cultural en Colombia (París, 1976), Sociedad y cultura (1984), Baldomero Sanín Cano (1990), Con los esclavos en la noria y otros ensayos (1992). Es autor del prólogo y efectuó la revisión de La otra raya del tigre, de Pedro Gómez Valderrama, para la Colección Ayacucho de Caracas (1992). En 1995, seleccionó el material y escribió el prólogo para la Antología de Pedro Gómez Valderrama –prosa y poesía– publicada por el Instituto Caro y Cuervo.

Creo que la mayor parte de la obra de Jorge Eliécer Ruiz está dispersa en periódicos y revistas. Por otra parte, sería importante averiguar por el material que dejó inédito. Era cuentista, pero no publicó ningún libro de este género. Conozco un excelente cuento suyo, Retrato de una mujer madura de provincia, publicado el 15 de septiembre de 1974 en Lecturas Dominicales de El Tiempo, y sé de otro, titulado El viaje.

El poemario Memoria de la muerte, que dedica en 1973 a Teresa Correal, su primera esposa recién fallecida, es una obra que refleja honda desolación. Ahí está dibujada la angustia existencial que siempre lo acompañó. Dice lo siguiente en los versos finales, como anticipándose –38 años atrás– al encuentro con la parca: “Nada quiero saber. Del tiempo nada / quiero tomar en préstamo ilusorio. / Una candela tengo preparada / para encender las ascuas del velorio,  / cuando apartado del mundo transitorio / pueda besar la luz de su mirada”. Se me ocurre pensar, releyendo estos poemas de miedo, dolor y agonía, que Jorge Eliécer es el perfecto oficiante de la muerte.

Sobresalen hoy en los mismos campos de la cultura y el arte sus hijos Pedro Ruiz Correal, considerado uno de los mejores maestros de artes plásticas del país, y Clarisa Ruiz Correal, escritora, comunicadora social y filósofa, directora de teatro y gran impulsora de actividades culturales de la capital.

Jorge Eliécer Ruiz fue intelectual nato, lector impenitente y realizador de hechos destacables y escritos eminentes que enriquecen el patrimonio culto de la patria.

El Espectador, Bogotá, 6-IV-2011.
Eje 21, Manizales, 6-IV-2011.
La Crónica del Quindío, Armenia, 9-IV-2011.

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Comentarios:

Lamento profundamente la muerte de mi gran amigo de los años cincuenta con quien fundamos un nuevo pensamiento hacia la luz del cambio radical, llamado la R. N., sigla de la Revolución Nacional, grupo al cual estaban vinculados José Galat, Ramón Pérez Mantilla y Antonio Gaitán (sobrino del caudillo), y otros más. Tu columna es la más completa que yo he leído sobre Jorge Eliécer Ruiz, por cierto autor de una antología del ensayo colombiano, siendo él uno de los más sobresalientes. Vinculado por muchos años a los círculos académicos de la capital, creo que poco se sabe en su tierra, Santander, de este santandereano eminente. Ahora creo que con tu columna hemos rescatado para la tierra de su amigo Pedro Gómez Valderrama a un brillante valor santandereano, gran ensayista y poeta que merece estudiarse en el campus universitario a nivel departamental y nacional. Ramiro Lagos, Greensbore (Estados Unidos).

Tuve la oportunidad de aproximarme, primero, a su obra escrita en la que sobresalía el esteta sobrio que apoyaba sus juicios en un agudo talento histórico, luego, a sus tertulias intelectuales de café en el centro de Bogotá. Lo tuve en gran estima y, todo indica, que a él le interesaba mi trabajo académico en ciencias sociales, sobre cuyos resultados solíamos hacer interesantes debates en los años 90. Tenía una memoria literaria y poética poco comparable. Y siempre presidiendo sus paliques un humor extraordinario. Tú artículo no sólo rememora con justicia a una de las cumbres intelectuales de Colombia, sino que lo hace con argumentos de fondo que bien podrían ser el comienzo de una biografía que rescate todo lo que en el campo de la reflexión intelectual fue e hizo Jorge Eliécer Ruiz  Alpher Rojas, Bogotá.

Fui amigo de Jorge Eliécer en las tertulias de Mito en la calle 18, y lo vi otras veces por los lados de la educación. Muy carnal de Pedro Gómez, Affan Buitrago y del gordo Hanssen. Pero desconocía todo ese bagaje de hechos que recuerdas, muchos nuevos para mí. Jaime Lopera, Armenia.

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