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Cuestiones idiomáticas (3)

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Gazapera – Argos

(El Espectador, Bogotá, 25-III-1989)

exegeta

De mi muy  querido amigo Gustavo Páez Escobar he recibido el siguiente mensaje:

Apreciado Argos: la palabra exegeta, ‘intérprete o expositor de la Biblia’, es voz grave. Esa particularidad fonética se debe al origen griego del vocablo. Pero la tendencia de la gente es a pronunciarla como esdrújula: exégeta. En esto  influye la eufonía, supongo yo. Exegeta, sin tilde, suena mal. Por eso se dice exégesis, vocablo esdrújulo aceptado en el diccionario de la Academia, lo mismo que exegético. ¿Qué dice el amigo Argos?

Respuesta

El amigo Argos, querido Tavo, dice que todos los días se aprende algo nuevo, puesto que él ignoraba lo que acabas de enseñarle acerca de que exegeta fuera voz grave.

Pues sí. No bien leí tu cartica me di a averiguar qué traerían los libros sobre este punto, y encontré lo siguiente: el diccionario de la Academia registra a exegeta únicamente como palabra grave; pero trae a exégesis, exegesis, con ambas acentuaciones.

Don Manuel Seco opina: «exégeta. Es incorrecta, según la Academia, la pronunciación esdrújula: debe decirse exegeta. La acentuación exégeta, que es la más extendida, se debe a la analogía con exégesis: Galiano advierte que las dos formas se deben considerar buenas». Acerca de esta preferencia por el esdrújulo exégeta vale citar estas consideraciones de Cuervo:

«Muchas graves se han convertido en esdrújulas a causa de la ignorancia de las lenguas sabias y de la pedan­tería de querer dar aire cientí­fico y campanudo a vocablos que en manera alguna han menester semejantes arreos».

Hasta aquí Cuervo. Pero es cierto que a exégeta, esdrújulo, le acontece igual que a otras voces en las que el uso ha he­cho prevalecer la pronuncia­ción esdrújula espuria, como en éstas que fueron antes graves: analisis, farrago, paralisis, y ahora son definitivamente es­drújulas: análisis, fárrago, pa­rálisis. Otras hay en que coe­xisten ambas acentuaciones, como conclave y cónclave, medula y médula.

Y otras, por fin, que por eufemismo se han hecho es­drújulas, como este exégeta, de que hablamos (para evitarle relación con la jeta), y el nombre del gran general ro­mano Lúculo, pues la cosa se pone grave si lo conservamos cual voz grave, como le co­rresponde.

Salpicón – Gustavo Páez Escobar 

(El Espectador, Bogotá, 12-III-1992)

Buen o mal alcalde

Sófocles, autor de la nueva Ga­zapera, cita la siguiente frase de mi autoría: «Los planes en ejecu­ción determinarán a la postre si Caicedo Ferrer fue buen o mal alcalde». Y formula esta glosa: «Los adjetivos bueno y malo se pueden apocopar en presencia de un sustantivo al que se refieren, solamente cuando lo preceden inmediatamente, así la frase co­rrecta es bueno o mal alcalde«.

Con perdón de Sófocles, con­sidero que debe regir para el adjetivo bueno la regla del apócope, ya que la conjunción o (que establece una alternativa de dos  posiciones) determina que tanto bueno como malo son inseparables del sustantivo. El asunto es de fonética: la expresión bueno o mal alcalde hiere el oído. Fíjese que los dos adverbios en mente que usted anota en tan breve intervalo (solamente e inmediatamente) producen terrible estridencia.

En esta materia yo me guío mucho por una de las reglas que recomienda León Daudí en Prontuario del lenguaje y estilo: «En casos dudosos usar siempre la construcción que mejor suene al oído. El oído es la mejor razón para todos los que tienen el genio del idioma».

Preguntas y Respuestas, Manuel Drezner

(El Espectador, 4-II-96)

El artículo

A quien pregunta si la escritura correcta es el acta o la acta, un acta o una acta, usted le responde que, aunque el sustantivo es femenino, por eufonía suele usarse el artículo en masculino (el, un) para evitar el encuentro de la letra a repetida. Y agrega que esta re­gla no es fija, ya que no se dice el acción sino la acción, el aventura sino la aventura.

Me permito hacer esta aclaración: lo que establece la norma es el empleo del artículo masculino cuando la primera sílaba del sustantivo femenino empieza por a o por ha acentuadas: el agua, el águila, el hada, el hampa. Se dirá, en cambio, la alborada, la aventura. Se exceptúan los nombres propios de mujer (la Águeda, la Ana), los apellidos aplicados a una mujer (la Arias, la Álvarez) y las letras (la a, la hache). Con los sustantivos que conservan la misma forma tanto para el masculino como para el femenino, debe hacerse la distinción de sexo: el árabe, la árabe.

Sin embargo, también se oye entre gente culta (sin que haya lugar a reproche) una alma, una águila. Aquí se rompe la regla y se demuestra que el idioma es en ocasiones cuestión de moda, de capricho (iba a decir de dictadura, y que me perdonen los académicos). Gustavo Páez Escobar.

El amigo tiene razón, y se­guramente los académicos lo perdonarán cuando señala que el idioma definitivamente es caprichoso. Manuel Drezner.

El lenguaje en El Tiempo – Fernando Ávila

(El Tiempo, 22.IV-1996)

Directivo y directiva

El lector Gustavo Páez Esco­bar hace comentarios varios sobre el Manual de Redacción de El Tiempo. Por una parte se­ñala que la palabra directiva alude a la junta de gobierno, por lo cual solo hay una directi­va en la empresa. Según ello, no es válido hablar de las direc­tivas sino de los directivos, que sí suelen ser varios.

En realidad, el Diccionario de la Lengua Española, 1992, dice en el número 2 de la palabra di­rectivo que como sustantivo fe­menino (la directiva) es la me­sa o junta de gobierno de una entidad. Pero, previamente ad­mite directivo y directiva como persona que tiene la facultad de dirigir; y con tal significado vali­da el uso de estos vocablos co­mo adjetivo y como sustantivo. Por eso no parece disparatado el uso que se le da en el Manual a la palabra directivas para referirse a las personas que diri­gen.

(De acuerdo. Directivas (plural) se refiere a las mujeres que desempeñan funciones ejecutivas en la empresa. Directiva (singular) es la junta que gobierna la vida de la empresa. En este caso, no hay sino una directiva. El error del Manual consistió en haber empleado muchas veces la palabra directivas para referirse a la junta directiva de la entidad, no a las mujeres con funciones ejecutivas. GPE)

Júnior y Thesaurus

Otra anotación de Páez Esco­bar versa sobre la palabra jú­nior, que en el Manual aparece sin tilde. Efectivamente, debe escribirse con tilde, pues es palabra grave terminada en ere. Por supuesto, esta palabra no tiene nada que ver con el nom­bre del equipo futbolístico de Barranquilla, Junior, nombre inglés cuya jota tiene sonido ye, como en otros sustantivos del mismo idioma: John, Jane, et­cétera. El júnior español, que obviamente se pronuncia con sonido jota, es sustantivo co­mún para referirse al más jo­ven.

Sobre thesaurus, que el Ma­nual exige cambiar por tesau­ro, Páez pide que se exceptúe el nombre de la revista Thesau­rus, del Instituto Caro y Cuer­vo. Por supuesto, se hará así, pues se trata de un nombre propio, cuyas traducciones (Te­soro o Tesauro) no serían perti­nentes.

Whiskys y contextualizar

Páez añade que el plural de whisky es whiskys y el de brandy, brandys, observación oportuna, pues muchas veces se escribe erróneamente whiskies, que es el plural en inglés. Para terminar, Páez felicita a los autores del Manual por crear el verbo contextualizar, que no aparece en el Dicciona­rio. En efecto, en él aparece contextuar, acreditar con tex­tos, pero no contextualizar, dar un contexto.

Amedrentar, amedrantar

(El Tiempo, 25-V-1996)

Señor Director:

En su columna del 17 de mayo, Alfredo Iriarte glosa a Arturo Abella por la defensa que este hizo el 11 de mayo, en su espacio de televisión, del vocablo amedrentar, en vez de amedrantar, y dice que ambas voces son correctas. Sin embargo, el Diccionario de la Real Academia prefiere la pri­mera. En efecto, cuando en esta obra figuran variantes de una palabra, la preferida por la Academia es la que lleva de­finición directa. En este caso, amedrentar. Esta última pala­bra, consagrada por el uso, suena mejor. Parece, enton­ces, que el asunto es de foné­tica. En su Diccionario de Dudas, dice Manuel Seco: «Deben evitarse formas erró­neas como amedrantar y amedentrar”. Y Fernando Co­rripio expresa lo siguiente: «amedrantar: aceptada, pero es preferible amedrentar” .  Gustavo Páez Escobar.

Chunchullo

(El Tiempo, 31-III-1996)

Señor Director:

Tiene toda la razón el columnista D’Artagnan respec­to al chunchullo: el Diccionario de la Lengua Española está desactualizado al no darle entrada a este vocablo de legítimo sabor colombiano. En cambio, registra chinchulín (del quechua chunchulli, tripas menudas) como localismo de Bolivia, Ecuador y Río de la Plata, y que no es otro que el apetitoso plato criollo que a D’Artagnan le tiene disparado el colesterol.

Dos diccionarios que tengo a la mano albergan nuestra legítima expresión: el Nuevo Diccionario de Colombianismos, del Caro y Cuervo, que además registra el femenino chunchulla (tal vez porque las mujeres no se quedan atrás en glotonería pringosa), y el Peque­ño Larousse.

Cuando con todos los honores ingrese al diccionario mayor nuestro término vernáculo chunchullo (y tiene que ingre­sar), D’Artagnan tendrá la paternidad responsable de esa criatura, hoy huérfana en los registros académicos.

Gustavo Páez Escobar.

(El diccionario de la Real Academia ya ingresó el vocablo: “chunchullo. 1. m. Col. Parte del intestino delgado de la res, del cerdo o del cordero, que se come asada o frita”. Descanse en paz, D’Artagnan. GPE, julio/2011).

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Rincón del libro (4)

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Cristóbal Colón y el encuentro de dos mundos

La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia rinde homenaje al historiador Juan Friede —muerto en Bogotá en 1990— con la publicación del título número 14 de la serie Nuevas lecturas de Historia, donde se recogen importantes textos suyos que giran alrededor del Descu­brimiento de América y la raza indígena. Friede había nacido en Wlawa (Rusia) en 1901 y se residenció en nuestro país desde 1927, donde obtuvo la nacionalidad colombiana.

Siempre el amor

Beatriz Castelblanco de Castro, autora de varios textos ya decantados a través del tiempo, presentó en la pasada Feria Internacional del Libro este poemario de tiernos acentos amorosos y profundas añoranzas. La escritora boyacense ha publicado además los siguientes títulos: Ensueño lírico (1954), Poemas de amor en llamarada (1978), Los niños buscan una lámpara (1979), y otros sobre Derecho. (Editorial Publicitaria, Bogotá).

Dios en Cortelandia

El escritor caldense Jaime Maldonado Garay ha hecho del humor un recurso literario de buena ley. Trae a Dios a la tierra y lo deja por unos días en Colombia como testigo de nuestros desajustes y vicios crónicos, y maneja al personaje con delicadeza y sin caer en blasfemias. Su libro recuerda la picaresca española que supo pintar, con fina ironía, cuadros de costumbres y ambientes sociales, con su fondo de aventureros, bribones y clérigos sueltos. (Tipografía Hispana, Bogotá).

El conde del Jazmín

Gloria Chávez Vásquez, es­critora y periodista quindiana que vive hace varios años en Estados Unidos, logró al fin darle vida a este personaje tí­pico que ella quiso resucitar para los 100 años de Armenia, pero la Alcaldía le incumplió la palabra de edición del libro; el que sale ahora, como homenaje aplazado para la Ciudad Milagro, con el patro­cinio de la Universidad del Quindío.

Historia de la sangre

En Aguasabrosa, su pe­queña finca ubicada en el municipio de Buga, Óscar Echeverri Mejía ve pasar la vida. Allí alterna, rodeado de sosiego y encantos naturales, las faenas del campo con las faenas del espíritu. El poeta lleva 24 libros publicados, cuatro de los cuales han salido de su retiro campestre. Historia de la sangre es el lazo que es­tablece Echeverri Mejía entre sus antepasados y su descen­dencia para afirmar el sentido de la familia y dejar un canto de amor a la posteridad. Poeta, académico, ensayista, cate­drático, ha cumplido prolífera labor como bardo ro­mántico de tierna entonación, cuya fina sensibilidad deja a la literatura colombiana sonetos extraordinarios y hermosos poemas traducidos a varios idiomas, llenos de transpa­rencia y profundidad. (Edición de Industria de Variedades Textiles, Medellín).

Vida y muerte de Satán Fuego

Defensor endiablado de Riosucio, Arcesio Zapata Vinasco recoge en este libro muchos perfiles del folclor carnavalesco de su pueblo. Entusiasma la ardentía con que el autor se entrega a la causa del patrono de los riosuceños, el mitológico Diablo que le ha enseñado a una po­blación —y al país entero— a reír con el alma y a desterrar las tristezas y los afanes coti­dianos. (Talleres de Impresos Jaber).

El Espectador, Bogotá, 19-IX-1991

Los siguientes libros publi­cados por Plaza y Janés, firma que mantiene estre­chos vínculos con la literatura colombiana, llegaron a mis ma­nos por gentileza del jefe de relaciones públicas de la casa editora, señor Fabio Castro Cruz.

¡Los muertos no se cuentan así!

Es la primera novela que pu­blica Mary Daza Orozco, co­rresponsal de El Espectador en Valledupar, que alterna su oficio periodístico con el cultivo de las letras a través de cuentos, ensayos y novelas. La lectura de esta breve obra me ha permitido apreciar la capacidad de narrar que tiene la autora, quien pre­senta en lenguaje llano y con acento romántico en algunos pasajes, un relato conmovedor sobre el drama de los muertos y desaparecidos que se vive en Colombia. Denuncia des­carnada que se agrega a los impresionantes testimonios que hacen crecer a diario, tal vez como una memoria lacerada pa­ra los tiempos futuros, la litera­tura de la violencia colombiana.

Todo es mío en el sentido en que nada me pertenece

En septiembre pasado se cum­plieron 15 años del accidente de tránsito que en Tocancipá le costó la vida a Gonzalo Arango. En este tomo se reúnen, con prólogo de Angelita, los tres últimos libros del fundador del nadaísmo: Providencia, Fuego en el altar y Adangelios. Gonzalo Arango, con su rebeldía social y su visión profética, constituye un caso extraño en la poesía de protesta, cuyo movimiento se enterró con él. El tono desespe­rado de sus primeros poemas fue sustituido, en la etapa de madurez, por un misticismo acen­drado que buscaba a Dios en todas partes. En su producción final, ésta que ahora se recopila como testimonio vivificante del rebelde con causa, el Profeta –como se le llama– condena el odio, la droga, la codicia del dinero, el materialismo, los vi­cios, la violencia en todas sus dimensiones. Parece que estu­viera viviendo la disolución de los tiempos actuales. Y defiende el amor como el camino de la vida: «El amor –dice– da alas… Si la libertad no existiera, el amor la habría inventado».

Lucha de ambiciones

Lufér Musal, seudónimo de un peruano que hace 12 años vive en Colombia, y que es alto direc­tivo de los laboratorios Specia, ha sido gran amante de los libros. Ahora publica su propio libro, y desde ya anuncia la salida de su próxima novela, titulada La mentira. La novela que aquí se comenta tiene la originalidad de venir en un ál­bum (sistema denominado novela/video-book-), gracias al cual se obtiene una idea del contenido y mensaje de la obra. La historia gira en el mundo del poder y el dinero, y con ella quiere mostrar el autor que hay ambiciones buenas y malas. Novela de la vida real, escri­ta en lenguaje sencillo, para el autor representa, ante todo, la perseverancia en el ideal de ser escritor. Y ya lo es, para bien o para mal.

E. E., 15-I-1992

Una permanente lluvia de libros enriquece mi mesa de estudio. Anima saber que  Colombia es país de escritores. El escritor, por más ignorado que sea, es el soporte de toda sociedad culta.

Huella

A Diana López de Zumaya, residente en Méjico y que estuvo hace poco en Colombia, le debo un regalo magnífico: el libro póstumo de Adel López Gómez, su padre, que él mismo alcanzó a bautizar con el certero nombre de Huella. Es una selección de cuentos pu­blicada por la Gobernación de Caldas, que recoge la trayectoria del escritor y queda como testimonio de su itinerario pleno de realizaciones.

Lumbres secretas

José Antonio Vergel, escritor tolimense que residió largos años en Rusia, publica, de regreso a la patria, el bello poemario Lum­bres secretas. La vena romántica de Vergel, que vibra de amor ante los dones de la vida y se conturba ante los hechos adver­sos del destino, transforma en poesía las emociones del alma.

Memorias del mestizaje

Óscar Piedrahíta González, es­tudioso de la obra de Otto Morales Benítez, divulga el ensayo Memorias del mestizaje: libro esen­cial en el continente. El trabajo de Piedrahíta se convierte en guía para rastrear la tesis que el escritor caldense ha explayado sobre nuestra esencia indoamericana.

Tomás Carrasquilla: autobiográfico y polémico

Notable aporte bibliográfico hace el Instituto Caro y Cuervo al patrocinar el libro Tomás Carras­quilla: autobiográfico y polémico, de Vicente Pérez Silva. En los documentos que aquí se recopi­lan, fruto de severos escrutinios, fulgura la efigie de Carrasquilla como autor de famosas controver­sias literarias, hoy olvidadas.

Alberto Gómez Moreno 

En nueva entrega de Hojas Universitarias, la Universidad Cen­tral rinde homenaje póstumo a Alberto Gómez Moreno, miembro fundador y vicerrector adminis­trativo del centro docente, muerto el año pasado en sensible acci­dente de tránsito. En las habitua­les secciones de la revista (respetable libro de 386 páginas) se repasa el acontecer culto del país.

Papeles para la paz

En Papeles para la paz, Otto Morales Benítez reúne diversos escritos y reportajes alrededor del orden público cuando presidió la Comisión de Paz en el gobierno del presidente Betancur. Queda aquí, para estudio de quienes se preo­cupan por los fenómenos sociales, una autorizada fuente de informa­ción sobre la violencia colombia­na.

Cantares y poemas y

Poemas para leer en el bus

El Departamento de Publica­ciones de la Universidad de Antioquia, cuyo director es Jorge Pérez Restrepo, cumple excelente labor cultural. Dos nuevos libros han sido entregados al público: Cantares y poemas, de San Juan de la Cruz, en el que se recoge, con motivo del cuarto centenario de la muerte del poeta místico, su mejor producción; y Poemas para leer en el bus, de Rubén Darío Lotero, obra ganadora del último Premio Nacional de Poesía patroci­nado por la misma Universidad.

E. E., 23-IV-1992

Momentos de la literatura colombiana

El Instituto Caro y Cuervo acoge en la serie La Granada Entreabierta este libro de Otto Morales Benítez. Este escu­driñador del quehacer literario del país ha permanecido pen­diente, a lo largo de su  vida de estudio y producción, de las diversas corrientes del pen­samiento nacional. Con los ensayos recogidos en esta obra, el autor enriquece el acer­vo intelectual de la patria.

Los juegos de Merlina

Femando Soto Aparicio, profun­do conocedor del alma de la mujer, sigue la misma línea de sus últimas novelas e incursiona en el campo erótico. Al crear esta Merlina –cual otra Nana, otra Cloe u otra Eloísa–, ofrece recetas sobre el arte de amar. La pasión se tra­duce en imágenes, fantasías, frustraciones y anhelos alrede­dor de una pareja, los únicos personajes de la historia.

El iluso

Roberto Urdaneta Gómez aparece como narra­dor ágil, ameno, fino humorista. El  tema lo maneja con gracia y suspenso, toques sensuales y a veces con ciertas escenas crudas que hubieran podido li­marse para mantener el erotis­mo auténtico. Entre mujeres, yerba y sexo se pinta el clima de los vacíos que no dejan vivir al hombre en paz. En medio de este ambiente, un escritor (que puede ser el mismo novelista), siempre con el cigarrillo en los labios, inquieto, nervioso, lucha por preservar su alma. El libro resulta una declaración de fide­lidad al oficio de escribir.

La historia del señor Sommer

Patrick Süskind –el autor de El perfume– escribe ahora un tierno relato en La historia del señor Sommer. Este extraño persona­je, que se sube a los árboles y vaga por los caminos como sombra misteriosa, no se sabe si es cierto o fantástico. La magia de la obra permite verlo como una persona viva que con su largo bastón o montado en su bicicleta veloz recorre las pági­nas encantadas del libro. El breve relato suscita variadas di­vagaciones sobre el misterio de la vida, alrededor de un protago­nista indescifrable. Verda­dera obra de arte.

De los Barrera de Sogamoso

El médico Reynaldo Valderrama Barrera, ntegrante de este apellido, re­coge viejos papeles que encontró olvidados en su ciudad natal, entre ellos el testamento que el sargento Jacinto de la Barrera firmó en 1734. A través de los trámites de la herencia se pue­den apreciar las características sociales de aquellos tiempos, dos siglos y medio anteriores al momento actual. En el curioso libro, con ribetes de lujo, cuyo prólogo es de Gabriel Camargo Pérez, se entreveran, junto con los papeles de la época, bellas fotografías de pueblos y paisajes boyacenses.

Muer­te profunda más allá de la ilusión

Publicado por la Universidad San Francisco de Quito, en la que es catedrático Iván Ulchur Collazos, natural de nuestro de­partamento de Cauca, ha salido este  libro de microcuentos. El autor, egre­sado de la Universidad de Popayán y con doctorado de la Universidad de Texas, sobresale en los medios intelectuales del Ecuador. En estas microhistorias se pinta con palabras expresivas y tono poético y evocador el sabor de la vida que se mueve entre miedos, violen­cia, tristezas, nieblas. Es una sociedad de máscaras y ficcio­nes donde el escritor, aplicando su lente social, logra du­ros retratos, algunos con gotas de humor lacerante, sobre la tragedia del hombre.

E. E., 7-VII-1992

La resurrección de Argos

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

A la muerte de Argos, ocurrida el 15 de agos­to de 1989, sugerí en esta columna la publicación de un libro con sus Gazaperas, obra básica para toda biblioteca culta. Ese libro, en 620 páginas, ha visto la luz con el sello de la Universidad de Antioquia. Se trata de una colección de las glosas gramaticales formuladas por Argos en diversos periódicos, la cual que fue organizada por Jorge Franco Vélez, fiel discípulo del desaparecido corrector del idioma.

El índice temático lo preparó Carlos García Zapata, del De­partamento de Lingüística y Li­teratura de la Universidad. Como los temas se hallan divididos en 21 capítulos, otros tantos son los índices, lo cual dificulta la rápida localización de un asunto deter­minado. Como Argos trataba con frecuencia materias afines en una misma columna, y los títulos de éstas son los que se citan en los índices, se han perdido mu­chos temas que deben figurar allí. Ojalá para la reedición del libro se elabore un índice general y completo.

Con esta obra resucita Argos dos años después de su muerte. ¡Lo que puede la edición! Argos –el académico– y Roberto Cadavid Misas –el ingeniero civil– son dos seres distintos por más que se trate de la misma persona. Mien­tras el constructor de carreteras (o el pión graduado, como su padre llamaba a estos profesiona­les) ya no se levantará de su descanso eterno, el genio del idio­ma vivirá entre la gente estudiosa.

Es difícil volver a hallar un crítico del lenguaje y del estilo que posea la gracia y la erudición del ilustre gazapero antioqueño. Es la única persona que ha leído un diccionario entero para buscarle errores. Este ratón de biblioteca, insaciable en su sed de lectura de cuanto texto caía en sus manos, gozaba al señalar, con su fino humor inimitable y su asombrosa maestría pedagógica, los deslices de gramática o de historia en que incurrían altas figuras de las le­tras y la política.

Su cátedra en El Espectador se convirtió en el espacio más leído de la prensa nacional. Los columnistas de periódico, sobre todo, lo primero que hacían todas las mañanas era leer la Gazapera con el temor de amanecer en el banquillo, y luego con afán de ensanchar los conocimientos so­bre la lengua. De esta manera permaneció vigente, durante lar­ga temporada, la mejor universi­dad del español que haya existido en Colombia.

Hoy nos hace falta Argos para preservar el idioma. Algunos tra­tan de ocupar su puesto, y la silla continúa esperando otro maestro. Mientras tanto, podemos enriquecernos con las enseñanzas perennes del libro que aquí se comenta, por cuya ejecución merecen un aplauso la Universidad y las personas que en él intervinieron, y al que es preciso acudir con frecuencia para extraer de sus páginas la máxima utilidad. En este periódico ha comenzado a publicarse una nue­va Gazapera, que busca estabili­dad. Ojalá el príncipe de los cien ojos oriente esta tribuna del buen decir.

El Espectador, Bogotá, 2-IV-1992

 

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Café Quindío

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En un encuentro en Bogotá, finalizando el año pasado, los esposos Jaime Moreno Espi­nosa y Nubia Motta me explicaron su proyecto de establecer en Armenia una industria tos­tadora y empacadora de café, con mercados en Bogotá y otras ciudades. Por ellos supe que era una idea a la que habían dedicado varios años de planeación, y me entusiasmó apreciar el optimismo con que esbozaban el programa y se proponían iniciarlo en el menor tiempo posible.

Por La Crónica del Quindío me entero de que la iniciativa es ya una realidad. Y veo que no se trata de una empresa cualquiera, de las tantas que sucumben al poco tiempo por inadecuada proyección. Muchas ideas brillantes, trabajadas a la ligera, suelen evaporarse pronto por carecer de consis­tencia. En este terreno mueren los negocios fantasmas que nacen a la carrera y desa­parecen con la misma velocidad.

Café Quindío, el nombre de la nueva industria quindiana, ha cumplido dos requisitos básicos: el del proyecto de factibilidad, que se adelantó con la asesoría del Sena, y el del diseño técnico, desarro­llado con la orientación de la Federación Nacional de Ca­feteros.

La maquinaria, im­portada de Italia, representa otro puntal para el buen éxito industrial. Nubia Motta, abogada dotada de espíritu empresarial, ha adelantado diversos estudios para desem­peñar con acierto su cargo de ejecutiva de negocios, moderna actividad femenina que exige especiales conocimientos de mercadeo, ma­nejo administrativo y visión comercial.

Los esposos Moreno, que no son quindianos de nacimiento, sino boyacenses (él deTunja y ella de Moniquirá), se vincu­lan con un aporte sustantivo al progreso de la región. El médico Moreno, residente en Armenia hace largos años y que tan eminentes servicios ha pres­tado a la comunidad (director actual de la Clínica Central del Quindío), responde con creces al aprecio que se le dispensa en el departamento.

Al Quindío le falta indus­trializarse. Hay que seguir cre­ando nuevas empresas que generen empleo y prosperidad, como la que aquí se destaca como modelo para otros em­peños progresistas.

La Crónica del Quindío, Armenia, 10-III-1992.

 

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Bogotá en obra negra

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

En el recorrido por varios sectores capitalinos que un grupo de cronistas de prensa efectuamos con el doctor Juan Martín Caicedo Ferrer, alcalde de Bogotá, me llamó la atención hallar la ciudad en obra negra. Este semblante en obra negra presenta dos aspectos: o que se dejaron represar los problemas  para el final del mandato, o que la dimensión de la ciudad impone una permanente acometida para no dejarnos ganar el reto del gigantismo.

Una obra negra implica, a la vez, dos situaciones: si se encuentra paralizada, es lo mismo que estar muerta; y si está en marcha, tiene vida, hay evolución. Es preferible la ciudad en construcción constante, por más molestia que este hecho ocasiona, a la ciudad estancada, por más comodidades espontáneas que ofrezca. El pro­greso no puede detenerse, ya que progresar es prever el futu­ro.

La administración Caicedo Fe­rrer, por lo controvertida, pasa­rá a la historia. Los comentaris­tas imparciales –y no los comentaristas apasiona­dos, que tanto mal le causan a la opinión pública– no logran ponerse de acuerdo sobre si son mayores los errores o los acier­tos de esta Alcaldía. Creo que no es el momento de lanzar un juicio certero. Los planes en ejecución determinarán a la pos­tre si Caicedo Ferrer fue buen o mal alcalde.

Quienes más cerca están de su despacho dicen que no es fácil seguirle el paso en sus jornadas de trabajo, que co­mienzan desde las primeras ho­ras del día y terminan bien avanzada la noche. Esto, de por sí, es garantía de rendimiento. Tal hiperactividad lo ha llevado a revolcar la ciudad. De ahí que Bogotá se halle hoy en obra negra. Falta saber si el revolcón –para usar una palabra de moda– es progresista o destructor, que ambas cosas puede ser.

En el recorrido con el burgo­maestre surgió, en los barrios del sur, una faceta desconocida. Por ejemplo, el colector de aguas lluvias y negras del Is­mael Perdomo, con doce kilóme­tros de tubería instalada, bene­ficia a 24 barrios y a millón y medio de habitantes. La aveni­da a Bosa, que prolonga la auto­pista del Sur para intercomunicar amplios sectores popula­res, es una realidad en marcha.

Aledañas a ella corren vías velo­ces y esmeradas, dentro de un complejo de puentes y espacios abiertos que envidiamos quie­nes residimos en el otro extremo de la ciudad. La troncal de la Caracas muestra en el sur –y ojalá así sucediera en el resto de la capital– una arteria dinámica y sin trancotes, que establece otro concepto en la movilización de pasajeros.

Para el resto de la ciudad, y para todo Bogotá, se aceleran proyectos gigantes, como la ave­nida 30 (la vía más rápida que va a tener la ciudad), embalse de San Rafael (programado para almacenar 75 millones de me­tros cúbicos de agua, o sea, la gran reserva del futuro), la am­pliación telefónica en 490.000 líneas nuevas (cerca del 50% de lo que en esta materia se ha hecho en medio siglo). Más tarde aparecerá el inventario comple­to de ejecuciones.

*

Ante perspectivas tan promi­sorias y hechos tan evidentes, comprobables por cualquier ciu­dadano, me he puesto a reflexio­nar, con cierta desazón y cierta frustración, en los siguientes interrogantes: ¿Por qué el Alcal­de se dejó ganar la guerra de los huecos? ¿Por qué tanta inesta­bilidad de altos funcionarios durante su gobierno? ¿Por qué no moderó, como lo ofreció en su campaña, el alza en las tarifas de servicios públicos?

Estas y otras inquietudes que se formula la ciudadanía sirven además para que medite en ellas el nuevo Alcalde, quien recibe una gran mole en obra negra. Las obras negras no siempre son descifrables. A veces parecen cheques en blanco.

El Espectador, Bogotá, 24-II-1992

* * *

Misiva:

La independencia intelectual que te distingue, así como el brillo que sueles imprimirles a tus conceptos, confiere un especial significado a tus comentarios sobre la capital de la república, en torno a los cuales he escuchado los más elogiosos comentarios. Personalmente, me comprometen aún más mi voluntad de servicio al frente de los destinos de esta ciudad, y de realidades positivas que debemos capitalizar. Juan Martín Caicedo Ferrer.

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