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Mariposas de Colombia

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Villegas Editores, que viene publicando los libros más lujosos de Colombia, ha puesto en circulación un excelente tratado sobre el fascinante mundo de las mariposas. Es una obra de 168 páginas, tamaño gigante, ilustrada con cerca de 200 fotografías a todo color, y fue impresa y encuadernada en el Japón. Está basada en las investigaciones de los entomólogos caldenses Jesús Vélez Estrada, de Manizales, y Julián Escobar Salazar, de Riosucio, con la asesoría de Ernesto Schmidt-Mumm. El prólogo es del norteamericano Keith Brown Jr., uno de los más famosos entomólogos del mundo, quien reside en Brasil hace largos años.

La redacción de los textos fue encomendada a Juana Uribe, y la selección gráfica y editorial es de Juliana Villegas. El proceso foto­gráfico corresponde a expediciones realizadas en territorio colombiano por los doctores Vé­lez y Salazar, atrás citados, entre otros especialistas en el arte de plasmar el exótico universo de las mariposas.

Benjamín Villegas, presidente de la casa editora y quien escribe la nota de presentación del libro, es un enamorado de las maripo­sas desde su más tierna edad. Aprendió a quererlas por la colec­ción que guardaba su abuelo, y desde entonces le viene la afición –y más que afición, verdadera pasión– por este ser etéreo e indescifrable que más parece un suspiro del viento que una reali­dad corpórea. La mariposa ha inspirado a poetas y pintores en busca del misterio que envuelve este frágil habitante de las llanu­ras, los ríos y los bosques, sobre todo, y que también se remonta a las cumbres más elevadas en majestuoso dominio de la inmensi­dad total.

Dice Benjamín Villegas: “Gran protagonista de las letras, la ma­riposa ha servido para expresar la belleza de una mujer, lo sutil del amor o lo fugaz de una pa­sión (…) Ha sobrevolado la imagi­nación del hombre sugiriéndole siempre símbolos y significados, mitos y leyendas”.

Este libro enseña a querer más a Colombia. Por él sabemos que poseemos el mayor número de especies y subespecies de mari­posas en el mundo (unas 3.500 de las 15.000 existentes). Lleva­dos de la mano, a través de las extraordinarias fotografías de la obra, por quienes han dedicado largos años de investigación a esta ciencia, se nos revela la maravillosa geografía colombia­na, plena de exuberancia, de be­lleza y poesía, como edén embrujado que no sabemos apreciar. Nuestra flora y fauna son excepcionales y las envidian otros países, pero las destruimos en lugar de defenderlas y enriquecerlas.

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Se atenta contra la ecología, y no nos damos cuenta. Se sacan del territorio animales y flores a veces únicos en el mundo, y nadie lo impide. A pesar de la abundancia de mariposas, no sa­bemos siquiera qué significan co­mo adorno y complemento de la naturaleza. Por eso dejamos que nos las roben. Somos ricos en mariposas pero pobres en imagi­nación.

Bogotá, El Espectador, 25-I-1992

 

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IBG: una hazaña quindiana

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Hace 25 años, descendiendo de la montaña antioqueña, llegaba a Armenia un creador de empresas: Iván Botero Gómez. Abandonaba sus lares nativos en busca de otros horizontes, sin sospechar que en el Quindío, que se organizaba como nuevo departamento, estaría su futuro. Fundó un pequeño negocio de ropa, y a medida que hacía amistades y progresaba en las ventas, el Quindío se le reveló como la tierra de promisión. Con este aliciente interesó a su familia, que se había quedado en Santuario, para que se uniera con él en el propósito de formar entre todos bases seguras de progreso.

Iván Botero Gómez, entonces un menudo habitante de la Ciu­dad Milagro –así bautizada años atrás por el maestro Guillermo Valencia–, iniciaba su propio milagro. Más tarde se produjo el primer salto desde el modesto comercio de ropa a una indus­tria de confecciones. La familia en pleno, con ese sello de traba­jo y solidaridad tan característi­co de la raza paisa, se compro­metió en la tarea de hacer crecer sus actividades comerciales. Se había partido de la nada, pero los esfuerzos unidos permitían avanzar cada vez con mayores logros. Más tarde, el pequeño punto de arranque que había sido el almacén de ropa fue superado en sucesivas etapas hasta conformar florecientes in­dustrias de confecciones.

Luego apareció en la mira de Iván Botero Gómez el reto de los electrodomésticos. Era para él un terreno ignorado, pero al sentirse atraído por dicha moda­lidad mercantil, descubrió que éste sería su fuerte. Montado el primer almacén, se inició la cadena de éxitos que ha acompa­ñado a la firma por espacio de estos 25 años, hasta convertirse en una de las empresas más promisorias del país. Superan­do dificultades, y siempre con la moral en alto, este resuelto hom­bre de trabajo ha conseguido consolidar un respetable grupo financiero que es orgullo para el Quindío y modelo para la indus­tria nacional.

La red de electrodomésticos, extendida por muchos sitios del país, cuenta ya con productos propios de calidad, como las neveras y los televisores IBG, y hoy busca los mercados del ex­terior. La firma se ha especiali­zado además en muebles de alto acabado, y es propietaria del mejor hotel de Armenia. Pero la pasión de Botero Gómez es la línea que lo llevó a la meta conquistada. Hoy más que nun­ca, cuando muchos competido­res han quedado derrotados, se siente líder en la guerra de los electrodomésticos.

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Estos hechos le hicieron ga­nar la Orden de los Fundadores, con que la Alcaldía de Armenia premia las grandes contribucio­nes cívicas. Iván Botero Gómez ha escrito un capítulo digno de encomio en la vida quindiana. Dados mis entrañables vínculos con el Quindío, soy testigo de su formidable esfuerzo creador. Es preciso señalar este caso como una hazaña del trabajo –en una región que exhibe ese símbolo en el hacha laboriosa–  y como ejemplo del esfuerzo, la tenacidad y la fe que derrumba montañas.

El Espectador,  Bogotá, 28-XI-1991.

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Henry Kronfle

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

En Méjico conocí a Henry Kronfle, poeta y diplomá­tico ecuatoriano, gran amigo de Colombia. Allí reside hace varios años, y gra­cias a su poesía universal, traducida a diversos idiomas, mantiene estrechos vínculos con los países americanos. Fue de las personas que estuvieron más cerca de Pardo García, a quien considera «el primer poeta cós­mico y científico que ha dado la literatura universal».

Kronfle fi­guraba entre los miembros del consejo editorial de la revista Nivel, suspendida en agosto de 1989, y desde sus páginas cum­plió, en asocio con otros desta­cados escritores, notoria activi­dad cultural y de estímulo a las letras latinoamericanas. Esta afi­nidad con nuestro insigne poeta le acrecentó su afecto por Co­lombia.

En estos días volví a encon­trarme con Henry Kronfle en la ciudad de Bogotá, dentro de la gira que junto con su esposa Ivette, y con auspicio de la Orga­nización de los Estados Ameri­canos, adelanta por varios países para presentar su último libro: Entre el tiempo, el espacio y el amor. Selecto público, reunido en las instalaciones del Convenio Andrés Bello, rodeó de admiración a este maestro del soneto que ya tiene conformada obra valiosa. Con este libro consolida su producción y as­ciende un nuevo peldaño en las letras del continente. Hace va­rios años manifestó Jorge Luis Borges: «Kronfle es uno de los valores de América».

Sus dos libros anteriores,  Los sonetos de las definiciones (1984) y Vibraciones del alma (1987), fueron prologados por Germán Pardo García, que en uno de ellos manifiesta: “Todo aquel que se aproximare a estas mági­cas leyendas del poeta del sur, hallará un misterio divino y humano imposible de tener otra definición que no sea ésta: poe­sía desde las angustiadas sie­nes hasta los alados pies”. Con­ceptos similares a los de Borges y Pardo García han sido expre­sados por notables figuras de las letras.

En Méjico, donde reside hace once años, goza de gran prestigio y es objeto de permanentes elogios en los me­dios de comunicación. Allí, con motivo del nuevo libro, se le organizó solemne homenaje en el Palacio de Bellas Artes, cuyo recinto se vio colmado de público delirante, atraído tanto por la profundidad del mensaje poético como por las dotes de declamador que adornan al deli­cado rapsoda. La voz de Henry Kronfle vibra por su romántico aliento, imbuida de ritmos emotivos y honda filosofía. Son admirables sus sonetos, en los que las ideas y los vocablos se ajustan con maestría hasta lograr acabados perfectos.

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En nuestro país, tal vez el nombre de Kronfle no ha sido divulgado con la amplitud que merece, y ojalá nuestras librerías se interesaran por sus obras, sobre todo por la última, preciosa edición en papel Kimberly clásico marfil, realizada en Ciudad de Méjico por Talleres Gráficos de Cultura. De todas maneras, aquí estuvo el poeta con su palabra de hermandad para el pueblo colombiano.

El Espectador, Bogotá, 2-I-1992

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Misiva:

Me agradó muchísimo tu reseña, la que refleja el sincero aprecio que me tienes y que está totalmente correspondido de mi parte. Ese honor de haber estado en El Espectador y, más aún, en tu pluma, lo conservaré siempre en el plano de mi más alta gratitud. Dicho artículo ocupará un sitio especial en mis álbumes de recortes periodísticos. Henry Kronfle, Miami Beach, Florida

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Homenaje al Cauca

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Con el sello de Villegas Editores se acaba de en­tregar al público un pre­cioso libro de 176 páginas de tamaño extenso, ilustrado con más de 150 fotografías a todo color, como homenaje a la tierra caucana. Efectuó la impresión la Litografía Arco, firma que en asocio de Villegas Editores viene realizando, para orgullo de Colombia, maravillosas ediciones plenas de arte y colorido, envi­diadas por otros países. El libro fue patrocinado por el Senado de la República, bajo la presi­dencia del doctor Aurelio Iragorri Hormaza, quien anota en las palabras de presentación: «Popayán y el Cauca, a través de la Historia Patria, han permaneci­do siempre erguidos e inaltera­bles en su misión de amar, comprender, servir y dar gloria a Colombia».

Tres textos escritos por inte­lectuales caucanos –Gus­tavo Wilches Cháux, Diego Castrillón Arboleda y Julio Arboleda Valencia– sirven de fondo para este recorrido por una de las regiones más preciadas de la patria, tanto por su pasado his­tórico y cultural como por su soberbia geografía. Los autores de los textos abordan los siguientes temas: Breve historia natu­ral del Cauca, Trazo etnohistórico del Cauca y Perfil cultural del Cauca, ensayos que dibujan, con el aporte del material fotográfi­co, los rasgos más sobresalien­tes de este pueblo forjador de grandeza.

El Cauca, con sus poblacio­nes legendarias cargadas de his­toria (como Popayán, Almaguer, Cajibío, Silvia, Santander de Quilichao, Caloto), es relicario de las tradiciones, la religiosi­dad y las letras. Ha sabido man­tener sus virtudes a pesar de la disolución moral que hoy cam­pea en el país, y en lucha  contra los grupos subversivos que en los últimos tiempos per­turban la paz de la región.

Es territorio castigado por la adver­sidad, unas veces por las fuer­zas de la naturaleza y otras por los problemas sociales. El Cau­ca necesita mayor atención, y ojalá este libro se convierta en motivo para que el Gobierno mire más hacia la tierra lejana y le dispense superior tratamien­to.

Ha dado a Colombia 13 presi­dentes, además de una brillante nómina de sabios, guerreros, escritores y artistas. Por las ca­lles de Popayán se escucha to­davía la voz de su poeta mayor, el maestro Guillermo Valencia, cuyo mensaje épico parece que retumbara en los picos más al­tos de los Andes. Privilegiada tierra que cuenta entre sus hijos ilustres a escritores de la categoría de Guillermo Valen­cia, Rafael Maya, Julio Arbole­da, Gerardo Valencia, Carlos Ló­pez Narváez, Helcías Martán Góngora.

Popayán, ciudad letrada que conserva el espíritu de los viejos pueblos de Castilla, os­tenta la diadema de su noble estirpe y de su pasado glorioso. Se muestra orgullosa en medio de la incomprensión y los infor­tunios, por haber derrotado con temple espartano la furia de los terremotos. Humboldt dijo que en Popayán había escuchado «el trueno más majestuoso que ja­más se ha oído».

El Espectador, Bogotá, 12-XII-1991

 

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Nuevo ritmo quindiano

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Nada fácil se mostraba para Mario Gómez Ramírez la batalla, en esta primera elección por voto directo del pueblo, de la Gobernación del Quindío. Siendo Ancízar López su mayor competidor en el debate electoral –en una región que éste siempre mantuvo so­metida a su dominio–, había que pensar en lo temeraria que resultaba la pretensión de destronar a quien ostenta hace 25 años, desde la creación del departamento, el título de Cacique. Cualquiera sabe en el Quindío que el nombre propio de su primer gobernador se fue diluyendo poco a poco hasta quedar convertido en una identificación personal: el Cacique.

El país está lleno de caciques o gamonales –en minúscula–, lo cual es diferente a que exista en la tierra quindiana este apelati­vo en mayúscula que identifica a una sola persona, y que es probable que desaparezca con él. Por eso, a Mario Gómez le quedaba cuesta arriba disputar­le al eterno dueño de las eleccio­nes el primer puesto del depar­tamento, que como premio de consolación buscaba Ancízar por segunda vez, después de haber sido senador permanente por más de 20 años y de haber ocupado hasta hace poco la pre­sidencia de la alta corporación.

Sin embargo, Mario Gómez fue el triunfador. Ha llegado a su final, por consi­guiente, el imperio de Ancízar López, y de aquí en adelante nace una nueva era en el Quin­dío. La misma situación ocurre en otros departamentos, y esto pone de presente un viraje polí­tico en el país, no con el vigor que el pueblo deseaba pero sí como principio de una transfor­mación que puede calificarse de revolucionaria. En el Quindío no quedó desmontada la vieja maquinaria –lo que no puede suceder de la noche a la mañana–, pero el ambiente enrarecido se ha despejado.

El autor de este cambio na­cional es el señor Presidente de la República, quien con la im­perfecta Constitución que hoy nos rige abrió el camino para que el pueblo buscara mejores horizontes. Con el programa del revolcón (fea palabra, pero expresiva) se pone en marcha un nuevo estilo, un saludable pro­pósito que tiende hacia la depu­ración de las costumbres políti­cas y hacia el progreso el Estado. Queda mucho trayecto por reco­rrer, pero es indudable que ya se ha despertado otra mentalidad ciudadana.

La mayor equivocación de An­cízar López –que es el mismo error en que insisten otros jefes que todavía se mantienen en pie– fue la de no haberse retira­do a tiempo. El poder desgasta, y cuando éste se ejerce con excesos, consume. Al margen de esto, es preciso reconocer en Ancízar López al gran luchador de las causas quindianas y au­tor de no pocas iniciativas que se traducen en avance regional. Figura él como líder principal de la creación del departamento y de la fundación de la Universi­dad del Quindío, entre muchas realizaciones que deben abonár­sele.

El triunfo de Mario Gómez fue luchado con garra y valentía, casi contra la corriente. Es por eso más significativo. La batalla ha sido dura, pero más difícil será gobernar con acierto, sobre todo cuando se trata de erradi­car vicios y poner en marcha otro estilo de administración. Una administración pulcra y progresista que signifique verdadera transformación en la vida del Quindío, departamento que ha demostrado vigoroso desarrollo y que sin duda continuará en permanente superación.

El Espectador, Bogotá, 20-XI-1991.

 

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