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Café Quindío

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

En un encuentro en Bogotá, finalizando el año pasado, los esposos Jaime Moreno Espi­nosa y Nubia Motta me explicaron su proyecto de establecer en Armenia una industria tos­tadora y empacadora de café, con mercados en Bogotá y otras ciudades. Por ellos supe que era una idea a la que habían dedicado varios años de planeación, y me entusiasmó apreciar el optimismo con que esbozaban el programa y se proponían iniciarlo en el menor tiempo posible.

Por La Crónica del Quindío me entero de que la iniciativa es ya una realidad. Y veo que no se trata de una empresa cualquiera, de las tantas que sucumben al poco tiempo por inadecuada proyección. Muchas ideas brillantes, trabajadas a la ligera, suelen evaporarse pronto por carecer de consis­tencia. En este terreno mueren los negocios fantasmas que nacen a la carrera y desa­parecen con la misma velocidad.

Café Quindío, el nombre de la nueva industria quindiana, ha cumplido dos requisitos básicos: el del proyecto de factibilidad, que se adelantó con la asesoría del Sena, y el del diseño técnico, desarro­llado con la orientación de la Federación Nacional de Ca­feteros.

La maquinaria, im­portada de Italia, representa otro puntal para el buen éxito industrial. Nubia Motta, abogada dotada de espíritu empresarial, ha adelantado diversos estudios para desem­peñar con acierto su cargo de ejecutiva de negocios, moderna actividad femenina que exige especiales conocimientos de mercadeo, ma­nejo administrativo y visión comercial.

Los esposos Moreno, que no son quindianos de nacimiento, sino boyacenses (él deTunja y ella de Moniquirá), se vincu­lan con un aporte sustantivo al progreso de la región. El médico Moreno, residente en Armenia hace largos años y que tan eminentes servicios ha pres­tado a la comunidad (director actual de la Clínica Central del Quindío), responde con creces al aprecio que se le dispensa en el departamento.

Al Quindío le falta indus­trializarse. Hay que seguir cre­ando nuevas empresas que generen empleo y prosperidad, como la que aquí se destaca como modelo para otros em­peños progresistas.

La Crónica del Quindío, Armenia, 10-III-1992.

 

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Armenia crece

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

No sé como ven hoy a Armenia quienes viven allí hace varios años, y sobre todo quienes nunca han salido de sus predios. Es posible que por fuerza de la costumbre no adviertan, como lo advierto yo, el crecimiento vertiginoso que ha tenido la ciudad en los últimos años.

Volví a Armenia algunos meses después del centenario, o sea, cuando mejor podían apreciarse las obras que habían quedado como consecuencia de la efemérides. El progreso urbanístico es sorprendente. La ciudad luce esplendorosa no sólo en sus perfiles arquitectónicos sino en su ornato general. Parece que un hada madrina la hubiera retocado por los cuatro costados.

Encontré nuevas obras de envergadura (como la del estadio, el coliseo cubierto, el Museo Quimbaya y una vía circunvalar) que habían surgido durante mi ausencia como polos poderosos de desarrollo. Me detuve en modernos barrios y airosos edificios que no conocía. La red de semáforos, que en los días de mi regreso a Bogotá era precaria, ahora pregona un ímpetu vehicular de difícil control. La ciudad parece salirse de sus linderos.

Armenia avanza todos los días y sus pobladores no lo notan. Son los turistas los mejor capacitados para pondera las maravillas de este centro en permanente evolución. En la misma forma que aumenta la población y se estira el casco urbano, crecen los problemas. Por eso, para administrar la ciudad se requieren especiales condiciones de liderazgo. Por lo tanto, hay que saber escoger el próximo mandatario local.

César Hoyos Salazar, el alcalde actual, ha cumplido gestión eficaz con su gobierno serio y moralista. El municipio, a pesar de serias dificultades financieras, ha podido acometer importantes proyectos. Así lo deduzco por diferentes versiones. Hoy las cifras –el quebradero de cabeza de todos los alcaldes– se hallan mejor organizadas para que la ciudad continúe su ritmo irreversible.

La Crónica del Quindío (editorial), Armenia, 29-II-1992.

 

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Al rescate de la Universidad del Quindío

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Uno de los programas prio­ritarios de Mario Gómez Ramírez, que anunció al posesionarse de la gobernación del departamento, es el res­cate de la Universidad del Quindío. El alto déficit que registra la entidad se ha venido agravando en los últimos años hasta verse hoy afectada por aguda crisis que frena su de­sarrollo económico y su cali­dad académica.

No se ha logrado mantener al centro docente protegido contra las ambiciones políti­cas. A esto obedece el deterio­ro actual. Todo el mundo sabe en qué forma se ha abusado de los recursos presupuestales para satisfacer afanes burocráticos mediante la creación de cargos innecesarios y la designación de personas in­competentes. A lo anterior se suman los alegres despilfarros.

Cuando los fondos de la educación se malgastan, son los estudiantes, y por con­siguiente la sociedad, los mayores perjudicados. La la­bor del rector actual, Henry Valencia, debe guiarse por una seria política de control del gasto y elevación del nivel académico. El paso siguiente es conseguir fondos amplios para impulsar la entidad hacia superiores metas de progreso.

Fui testigo, durante mi es­tadía en Armenia, de sucesi­vas crisis en el manejo de la Universidad. En una de esas emergencias la salvó Fabio Arias Vélez mediante una dinámica y prudente gestión. En su segunda rectoría –y a ella me refiero– halló el or­ganismo asfixiado por las deudas y nadando en el caos.

La labor de recuperación fue lenta, pero firme, hasta lograrse superar los descalabros y for­talecer las finanzas en banca­rrota. Fabio Arias Vélez fue gran rector de la Universidad del Quindío. La clave de su éxito se explica en el sentido gerencial con que desempeñó su cargo. Otro de los rectores, por el contrario, se dedicó a crear burocracia y derrochar el presupuesto.

Hoy el déficit financiero atenta, en materia grave, con­tra el Alma Máter de los quindianos. Este es el resultado de muchas improvisaciones. Es preciso, por lo tanto, bus­car fórmulas sabias para resti­tuir la estabilidad que se dejó perder.

La Crónica del Quindío, Armenia, 24-II-1992.

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El Quindío distante

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Ocho años largos han trans­currido desde mi ausencia del Quindío, después de residir allí por espacio de 15 años. Im­perativos de familia deter­minaron mi regreso a la capital del país, y hoy, jubilado de la vida laboral, recuerdo con emoción mis comienzos en la ciudad de Armenia como ban­quero y promotor cul­tural, actividades que ejercí en forma paralela junto con las de comentarista de prensa y escritor.

Al invitarme La Crónica del Quindío a co­laborar en sus páginas, le manifiesto  al insigne amigo Rodrigo Gómez Jaramillo, su director y exgobernador del departamento, que una manera de retornar es a través de las columnas que hoy se inician. Aquí estoy de nuevo, por consiguiente, en diálogo abierto con la región.

Deseo volver al Quindío con una lección moral, que esa fue la pauta invariable que pre­sidió mi ejercicio bancario y mi vida como sencillo habi­tante de la comarca. Y para el efecto, nada mejor que recordar las palabras con que me des­pedí de los colegas de la banca en el homenaje realizado el 31 de agosto de 1983, en el chalet de Óscar Jaramillo Jaramillo. Con los mismos principios y el mismo sentimiento de entonces renuevo hoy los lazos de amis­tad con el Quindío y su gente, a través de las palabras que pronuncié aquella vez:

«Nada fácil resulta romper raíces con una sociedad que desde el primer momento se convirtió en nuestra propia tierra. Es un momento difícil el de despedirnos hoy de la familia bancaria, con la cual se han compartido gratísimos momentos de sano colegaje y auténtica camaradería. Alrededor de la amistad y siempre con las banderas en alto por una banca mejor, hemos librado memorables jornadas de identidad laboral y regocijo personal.

«El primer objetivo del banquero es el de ser útil a la sociedad. Y la primera obligación, la de ser honorable. Situada hoy la banca nacional entre grandes conflictos de descomposición moral, no podemos admitir que los desvíos ajenos toquen nuestros propios códigos éti­cos. Si somos ejecutivos de las cifras, primero debemos ser profesionales de la pulcritud. Yo aspiro a dejar en Armenia, antes que libros y bonitas cifras, una lección moral. Es el legado que entrego a ustedes después de duras aunque reconfortantes experiencias en mi tránsito por el Quindío. Y sé que ese legado queda en buenas manos.

«Mi esposa y yo, que hemos compartido con ustedes las mejores horas de una franca amistad, sabemos que no nos vamos del todo si aquí queda parte de nuestro corazón. Les dejamos además un hijo quindiano que algún día reclamará su dere­cho a la tierra que lo vio nacer».

La Crónica del Quindío, Armenia, 10-II-1992.

 

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IBG: una hazaña quindiana

viernes, 11 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Hace 25 años, descendiendo de la montaña antioqueña, llegaba a Armenia un creador de empresas: Iván Botero Gómez. Abandonaba sus lares nativos en busca de otros horizontes, sin sospechar que en el Quindío, que se organizaba como nuevo departamento, estaría su futuro. Fundó un pequeño negocio de ropa, y a medida que hacía amistades y progresaba en las ventas, el Quindío se le reveló como la tierra de promisión. Con este aliciente interesó a su familia, que se había quedado en Santuario, para que se uniera con él en el propósito de formar entre todos bases seguras de progreso.

Iván Botero Gómez, entonces un menudo habitante de la Ciu­dad Milagro –así bautizada años atrás por el maestro Guillermo Valencia–, iniciaba su propio milagro. Más tarde se produjo el primer salto desde el modesto comercio de ropa a una indus­tria de confecciones. La familia en pleno, con ese sello de traba­jo y solidaridad tan característi­co de la raza paisa, se compro­metió en la tarea de hacer crecer sus actividades comerciales. Se había partido de la nada, pero los esfuerzos unidos permitían avanzar cada vez con mayores logros. Más tarde, el pequeño punto de arranque que había sido el almacén de ropa fue superado en sucesivas etapas hasta conformar florecientes in­dustrias de confecciones.

Luego apareció en la mira de Iván Botero Gómez el reto de los electrodomésticos. Era para él un terreno ignorado, pero al sentirse atraído por dicha moda­lidad mercantil, descubrió que éste sería su fuerte. Montado el primer almacén, se inició la cadena de éxitos que ha acompa­ñado a la firma por espacio de estos 25 años, hasta convertirse en una de las empresas más promisorias del país. Superan­do dificultades, y siempre con la moral en alto, este resuelto hom­bre de trabajo ha conseguido consolidar un respetable grupo financiero que es orgullo para el Quindío y modelo para la indus­tria nacional.

La red de electrodomésticos, extendida por muchos sitios del país, cuenta ya con productos propios de calidad, como las neveras y los televisores IBG, y hoy busca los mercados del ex­terior. La firma se ha especiali­zado además en muebles de alto acabado, y es propietaria del mejor hotel de Armenia. Pero la pasión de Botero Gómez es la línea que lo llevó a la meta conquistada. Hoy más que nun­ca, cuando muchos competido­res han quedado derrotados, se siente líder en la guerra de los electrodomésticos.

*

Estos hechos le hicieron ga­nar la Orden de los Fundadores, con que la Alcaldía de Armenia premia las grandes contribucio­nes cívicas. Iván Botero Gómez ha escrito un capítulo digno de encomio en la vida quindiana. Dados mis entrañables vínculos con el Quindío, soy testigo de su formidable esfuerzo creador. Es preciso señalar este caso como una hazaña del trabajo –en una región que exhibe ese símbolo en el hacha laboriosa–  y como ejemplo del esfuerzo, la tenacidad y la fe que derrumba montañas.

El Espectador,  Bogotá, 28-XI-1991.

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