Archivo

Archivo del autor

Si viviera Laureano

jueves, 10 de noviembre de 2011 Comments off

Por: Gustavo Páez Escobar

Con este título se ha puesto en circulación, publi­cado por Editorial Kelly –la vieja imprenta de los bogo­tanos que cumple en estos días 50 años de fundada–, el libro con que el historiador Antonio Cacua Prada exalta la memoria de Laureano Gómez al conmemorarse el centenario de su nacimiento. Vamos a apelar a los valores del espíritu para ver si le damos un contenido nuevo a la vida pública de Colombia–dice Álvaro Gómez Hurtado en el prólogo de la obra–. Que consista, no ya en disputarse las posibilidades de mando, sino en recuperar valores. Restaurar valores que se nos han perdido.

El juicio de la Historia es más certero a medida que corre el tiempo y se enfrían las pasiones. El verdadero veredicto sobre los caudillos sólo se producirá cuando la época en que actuaron se haya purificado de arrebatos para penetrar, definitivamente, en el sereno análisis de la posteridad. Y hacia allá camina la figura histórica de Laureano Gómez. Incomprendido en su tiempo, surge hoy un líder distinto del abominado por los odios políticos en las duras contiendas de su generación.

Dichos tan comunes como el de que “a Colombia le falta un Laureano Gómez”, o que la actual corrupción pública reclama la vehemencia de este Júpiter tonante, dicen hasta qué punto el país vuelve los ojos al pasado para rescatar la estampa aguerrida de quien no podía convivir con el vicio y por el contrario defendía la moralidad sin mácula. Nunca para él existieron los términos medios y por eso sus luchas fueron ardorosas y totales. La legalidad y la justicia se convirtieron en su brújula permanente. Cometió excesos e intransigencias, como es humano en los hombres, pero hay que admitir que sin ese rigor no hubiera conquistado el título de catón de las costumbres colombianas.

Así lo definió, en su tiempo y para la inmortalidad, el maestro Guillermo Valencia en frase lapidaria:

Formidable este Laureano Gómez cual una racha hura­canada, firme, impasible, sonoro como un yunque propio para forjar los más finos montantes, las mejores cora­zas, las más audaces quillas: El Hombre Tempestad, a quien sólo se puede amar u odiar, que deslumbra y hie­re como el relámpago, y con el trueno de su voz hincha, colma y sacude las sordas oquedades del pecado y del abismo.

Decaído y desilusionado llegó al poder, en el peor momento de su carrera política. Era el viejo capitán ya sin el vigor de otros días, que asumía el reto en medio de un país lleno de confusiones y de adversarios tajantes, incluso de su propio partido, que iban a co­brarle la firmeza de su carácter.

Saltó al timón desde su lecho de enfermo, y con ese gesto estaba trasladando al futuro una constancia de ímpetu por la vigencia de los derechos humanos, en momentos en que trataba de implantarse un régimen de torturas. Este Hombre Tempestad, implacable para cas­tigar los abusos del poder y las desviaciones públicas, era El Monstruo, como también se le recuerda, que se erguía impetuoso ante los atropellos y las corruptelas y frenaba las maquinaciones contra la moral.

Ya ha penetrado en las páginas de la Historia como el fiero y gallardo caudillo que lo mismo destruía con su verbo demoledor que creaba con su vida ejemplarizan­te. Dueño de exquisita y vasta cultura, sus escritos son admirables y en ellos campean las ideas y la donosura del idioma. Profundo conocedor de los clásicos, en ho­ras silenciosas, tan diferentes a las de la refriega política, se consumía en la delectación del arte, la literatura, la historia y la filosofía, sus pasiones rectoras.

Temperamento tímido y discreto, que le huía a la publicidad, entendió siempre que la mejor recompensa del caudillo está en los límites caseros. De costumbres austeras y hondas raíces cristianas, no podía predicar para los demás sino lo que practicaba en su intimidad. Cerró su vida con el broche de oro de la concordia na­cional. Por encima de distanciamientos políticos con el otro líder de la causa común que unía a los colombianos, Alberto Lleras Camargo, firmó los pac­tos de Benidorm y Sitges, que dieron al traste con la dictadura y restablecieron el imperio de la democra­cia hasta la hora presente.

Uno de los colombianos que mejor conocen la persona­lidad y la obra de Laureano Gómez es Antonio Cacua Prada. El libro que ahora entrega a la reflexión del país es otro testimonio de su acendrada vocación de investi­gador serio, objetivo y creador.

Pedro E. Páez Cuervo, mi padre, escribió el 17 de junio de 1953 –día en que fue desterrado de Colombia el doctor Laureano Gómez al ser depuesto del poder por el general Rojas Pinilla– el siguiente soneto que define el vigor de un carácter:

EL ROBLE

Si “del árbol caído todo el mundo hace leña»…

hay un roble gigante que con temple de acero,

con el ceño fruncido, con mirada aguileña,

la embestida resiste de cualquier leñatero.

Esa indigna gavilla que en rajarlo se empeña,

volará como briznas bajo el verbo severo

de ese roble que tiene la purísima enseña

del azul que hoy profanan con afán patriotero.

¡Lo agigantan los golpes! Se perfila, inmortal,

defendiendo –impoluto– su glorioso ideal,

confundiendo a los hombres su valor espartano.

Ese roble no pueden convertirlo en astillas:

temblarán los hacheros, caerán de rodillas,

cuando ruja ese ROBLE que se llama Laureano.

El Siglo –Siglorama–, Bogotá, 30-VII-1989.    

 

Categories: Biografía, Líderes Tags: ,

Arauca vibrador

jueves, 10 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Desde la pieza del hotel veo flamear a corta distan­cia la bandera nacional. Cada vez que penetro en mi pe­queño albergue hotelero, durante los dos días que perma­nezco en Arauca, me gusta contemplar la llanura que se extiende ante mis ojos. Infinidad de pajarillos musica­les revuelan a todo momento, y sobre todo en las prime­ras horas del amanecer, por entre la densa vegetación de los alrededores.

Allí, en mitad de macizos árboles y verdosos con­tornos que certifican la presencia del Llano, flota la bandera colombiana. Es un hermoso símbolo de soberanía nacional en esta frontera convulsionada en ocasiones por los roces de cercanía con el país vecino, y pertur­bada en los últimos tiempos por los atentados de los grupos insurgentes contra los pozos petroleros.

Mientras la fortuna colombiana se dilapida aquí en­tre voladuras de oleoductos, en una de las guerras más increíbles de la demencia humana, el pueblo sufre ham­bre. Las fuentes de prosperidad económica que brotan generosas en Arauca y en otros lugares de nuestra rica geografía, y que son envidiadas por países menos afortuna­dos, se dinamitan para asustar al Gobierno y crear el caos.

Se olvidan los subversivos, y tal vez jamás lo aprenderán, de que estos golpes contra la economía del país son golpes contra el pueblo, la mayor víctima inmo­lada por la sinrazón del hombre.

Mientras escribo estos apuntes viajeros desde mi dis­creta ventana hotelera, desde donde percibo todo el em­brujo del Llano, me entusiasma contemplar el pabellón tricolor, airoso y soberano, clavado en mitad de la flo­resta como una afirmación de la patria. Sus colores, nítidos y majestuosos, hacen bello contraste con el ver­dor de la naturaleza y parece que ondularan por el infi­nito de la llanura como una plegaria colombiana.

Me acuerdo de La Vorágine de José Eustasio Rivera, escrita contra la explotación del hombre en las fronteras de la propia patria, y me digo que ahora, en esta Colombia sacrifica­da por los ejércitos del narcotráfico y por los delin­cuentes comunes, suceden cosas peores que la tortura de los caucheros.

Caminando por las calles de Arauca, un pueblo que en poco tiempo llegará a ser ciudad, encuentro miseria. La población se esfuerza, en manos de autoridades bien intencionadas, por superar su estado de abandono. Un per­sistente olor a cloaca, que sale de un caño estancado que atraviesa el pueblo, contradice el frescor de la naturaleza.

El primer propósito de las autoridades, conscientes del peligroso avance de este foco infeccioso, es la canalización y adecuación sanitaria del caño. Vendrán después las obras del acueducto y el alcantarillado, el alcantarillado de aguas lluvias y el arreglo de las vías.

Arauca es hoy uno de los municipios más ricos del país. Las regalías petroleras sobrepasan los $ 3.000 millones anuales, y esto da una idea de la dimensión presupuestal. Hace 20 años –me comentaba un boyacense que aquí se que­dó– no había agua ni luz. Se vivía entre barro y en ran­chos de paja. La comunicación con el interior del país era una proeza. Hoy hay calles pavimentadas, a medias (ya que la mayoría están convertidas en lodazales), luz eléctrica, deficitaria (pues ocurren frecuentes apago­nes), y agua, bien tratada (aunque contaminada en ocasiones por el petróleo que se riega en el río por las voladuras del oleoducto). La telefonía ha mejorado.

Arauca se encuentra en pleno despertar hacia un porvenir inesperado. Nada entre millones petroleros y no sabe qué hacer con la plata. La bonanza le cayó de sorpresa.  Ojalá sus autoridades –las actuales y las futuras– sepan manejar bien la prosperidad. En poco tiempo será una ciudad pujante. Hoy es un sitio incierto. Sus habitantes todavía no creen que se ganaron la lotería.

*

Mirando desde mi escondida atalaya hacia el horizonte sereno y poético que se pierde en la llanura ilímite, me pregunto si realmente me encuentro en tierra de combates. Me  pregunto si hasta mi pieza llegará el retumbar de la dinamita. Me siento perplejo, entre el arpegio de los pájaros y el murmullo de los árboles, y me duelo de la locura del hombre que es capaz de profanar estos dones del cielo. Miro la bandera ondulante, testimonio perenne de fe colombiana, y me siento fortalecido.

El Espectador, Bogotá, 24-VII-1989.

 

Categories: Regiones, Viajes Tags: ,

Rincón del libro (2)

jueves, 10 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Lecturas para acompañar el amor

Fernando Soto Aparicio escribe para los enamorados en tono poético y fibra sentimental y les enseña a pul­sar las emociones, a saborear los sentimientos. Les di­ce que por más contradictoria que sea la mujer, es la mejor sinfonía del universo. Y a ella le pide fertilidad para albergar la palabra ardiente y armonía para reco­rrer con el compañero las sendas del amor. (Tercer Mun­do Editores).

Marina, una sicotragedia

Libro editado en México y que me llega de Es­tados Unidos, cuyo autor es el colombiano Vincent Jimé­nez, doctor en filosofía y letras de la Universidad de Missouri y profesor de literatura en varias universida­des estadounidenses. Es el mismo autor de El sacerdote casado (Editorial Cosmos, Medellín, 1987), serio y polémico trabajo que ataca al celibato eclesiástico. En esta ficción matizada de escenas románticas y frustraciones amorosas vuelve a plantear su tesis contra el ce­libato.

Dinastía poética

Tres generaciones de la familia Piedrahíta se dan cita en este opúsculo. La poesía se convierte en gene multiplicador. La dinastía Piedrahíta es trashumante de versos y de geografías. El lejano abuelo nació en Ibagué, y su descendencia se extendió por el Tolima, el Valle del Cauca y el Quindío. Estos son los miembros del clan: el abuelo, Daniel Piedrahíta Arango; los hijos, William, Harold, Óscar y Daniel Piedrahíta González; el nieto, Ru­bén Piedrahíta Llano. Son versos de búsqueda, de lucha, de amor, de errancia. Cada cual canta dentro de su vi­vencia y con el convencimiento de su propia palabra.

Diccionario Jurídico Penal

Horacio Gómez Aristizábal aporta para los estudio­sos de la abogacía y los profanos esta obra de fácil con­sulta, que permite el conocimiento de los términos del derecho. El autor es perito en la concreción del pensamiento y amigo de las ideas fulgu­rantes y enriquecedoras. (Plaza y Janés).

La estrecha relación entre literatura, filosofía e historia

Al ingresar Fernando Soto Aparicio como miembro co­rrespondiente de la Academia Boyacense de Historia, en abril de 1988, sustentó la tesis que va envuelta en el título de la publicación que ahora edita, en Tunja, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Anali­za Soto Aparicio, haciendo un recorrido sobre sus nove­las, el significado del novelista como escritor de his­toria. Siendo el hombre el eje de toda la obra del es­critor boyacense, su temática gira alrededor de la his­toria del hombre. El hombre es la historia misma.

 Los cuerpos enlazados

Hernando García Mejía, poeta y cuentista caldense radicado hace mucho tiempo en Medellín, publica ahora la segunda edición del hermoso poemario sensual que había salido en 1971. Este breviario de amor, escrito con estremecido romanticismo, deja ebrios los sentidos de pasión estética. Hernando sabe pulsar el erotismo y desnuda las emociones para purificar el amor. (Ediciones La Flor y la Centella, Medellín).

Emociones del alma

Jesús Arango Cano, estudioso de mitos y de leyendas aborígenes –con amplia bibliografía sobre las cultu­ras precolombinas–, incursiona ahora en la prosa lírica y en la poesía amorosa. Desgrana sus emociones estéticas en este libro de breves coloquios con sus recuerdos vivenciales, y se remonta al cosmos y a los espacios ultraterrestres en busca de ideas extrasensoriales para elevar el espíritu. Este sueño poético lo reconcilia con su alma inquieta y romántica.

El Espectador, Bogotá, 14-VIII-1989.

Colección «Los Mejores»

Publicada por Edilux Ediciones de Medellín y bajo la dirección de Hernando García Mejía, conocido poeta y cuentista, ha salido al mercado la colección litera­ria denominada Los Mejores, compuesta de 15 volúme­nes con los siguientes títulos: Fábulas de América, Fábulas del mundo, Cuentos infantiles colombianos, Cuentos infantiles de América, Cuentos infantiles del mundo, Leyendas de América, Leyendas del mundo, Rela­tos costumbristas colombianos, Poetas clásicos colom­bianos, Poetas clásicos hispanoamericanos, Cuentos co­lombianos, Cuentos latinoamericanos, Humoristas del mundo, Cuentistas del mundo y Desiderata y otros tex­tos inolvidables. «Una colección –explica el editor García Mejía– concebida para abrir el apetito del lector hacia los grandes escritores clásicos y modernos de Colombia, de América y del mundo». Se trata, por otra parte, de una hermosa serie bibliográfica que cuenta con el gusto literario y editorial de quien conoce el amplio campo de las letras y es experto en el escrutinio de textos selectos.

Publicaciones del Centro Colombo-Americano

Vale la pena destacar el apoyo que esta entidad presta a los escritores nacionales. La última publicación corresponde a ocho títulos, en esmerada presentación, que favorece a jóvenes escritores de la Uni­versidad Nacional sobre temas diversos. Son sus autores: Sandra Lucía Díaz, Guillermo Garciacosta, Gilberto Loaiza, Juan Carlos Muñoz, Álvaro Rivera, Otto Gerardo Salazar, Luis Álvaro Tovar y Catalina Zapata. El coordinador del programa es el humanista Harold Alvarado Tenorio.

Las vigilias del sueño

La poetisa Beatriz Zuluaga publica, con el patroci­nio del Instituto Caidense de Cultura, su cuarto libro. Es la suya una labor poética reflexiva, depurada y sin afanes que le ha permitido conquistar puerto firme en las letras nacionales. En sus Vigilias del sueño pulsa con sutileza la fibra erótica y deslumbra con su brevedad estremecida. Sus poemas saben a soledad, a desam­paro, a clamores románticos. Algunos de sus temas son de contenido social y, entre ellos, hay uno extraor­dinario: Si preguntan por mí.

La diplomacia de la modernización: relaciones colombo-norteamericanas 1920-1940

La Biblioteca Banco Popular, que cuenta con la acer­tada asesoría editorial de Luis C. Adames Santos, ha aco­gido este texto del canadiense Stephen J. Randall, que tuvo clara visión sobre nuestro país como profesor del Centro Colombo-Americano y de la Universidad Nacio­nal. Analiza ahora, con sentido crítico, el desarrollo de la política exterior de los Estados Unidos en Colom­bia durante el período comprendido entre las dos guerras mundiales. «Esta política –se comenta en la contrapor­tada– estaba diseñada más para garantizar la supremacía de los intereses norteamericanos que para ofrecer las condiciones de igualdad implícitas en los términos «buen vecino» y «puerta abierta».

El sentimiento creador

El escritor quindiano Herbert Jiménez Gallo, que en Medellín dirige desde 1953 el periódico Meñique, el más pequeño de Colombia, recoge en este libro varios ensayos sobre diversos aspectos culturales. En ellos se recrea en inquietudes intelectuales que han impresionado su andar por el periodismo y los libros. También es au­tor de las siguientes obras: Figuras de la Montaña, 10 antioquenos en el arte y 14 artistas de Antioquia.

E. E., 13-XI-1989.

Entre dos mundos

Esta novela de Juan Zapata Olivella describe las ex­periencias de un médico de provincia que consigue la fa­ma en Estados Unidos enfrentado a difíciles circunstan­cias, y que no puede prescindir de los ligamentos de la tierra propia. Es un juego del amor, la ciencia y los sueños, donde entre luchas y esperanzas el cerebro del científico conquista el equilibrio del hombre victorio­so. (Plaza y Janés Editores).

El general y la mujer desnuda

El escritor e historiador Guillermo Vargas Villamizar, que dirige en Cúcuta la Corporación Educativa del Oriente, elabora en este libro una interesante ficción novelada sobre la personalidad del general Hermógenes Maza, a quien pinta como el personaje auténtico que fue –con sus debilidades y defectos, heroísmos y gran­dezas– en los días de las guerras libertadoras. Vargas Villamizar también es autor de los siguientes libros: Valores humanos en el Norte de Santander, El hombre de la frontera, La educación y el cambio, Biófilo Panclasta. (Publicación de la Corporación Educativa del Oriente

Salvador Camacho Roldán

La Intendencia de Casanare ha querido honrar, con este libro de Antonio Cacua Prada, la memoria del ilustre hijo de Nunchia que tuvo destacada figuración como periodista, político, parlamentario, ministro, crítico literario, sociólogo. Camacho Roldán pertenece a la ómina de esclarecidos hombres de bien, de estudio y su­peración que deben servir de guías a las nuevas genera­ciones.

Boletín de Historia y Antigüedades

La Academia Colombiana de Historia posee con este boletín, que en realidad es valioso libro de estudio, admirable tribuna de historia. En el último número, el 767, hay espacios para Germán Arciniegas, para la vida y la obra del general Santander y para el sacerdote humanista Carlos E. Mesa, recientemente falle­cido, entre otro material selecto.

Thesaurus

Boletín de lujo del Instituto Caro y Cuervo, que cumple silenciosa y profunda labor cultural con su cátedra sobre el idioma y el registro de los principales sucesos del mundo intelectual. Riguroso y docto, cada número es un eslabón que recrea el espíritu e invita a la compenetración de los más variados temas.

Aventuras ilustradas del café

Bajo el rótulo genérico de Aventuras ilustradas de, la Editorial Colina, de Medellín, ha iniciado una didáctica serie bibliográfica que girará con temas es­pecíficos, en cada caso, de los principales productos de la riqueza colombiana, como las esmeraldas, el cacao, el petróleo, el carbón, etcétera. Este número sobre el café trae textos de José Chalarca, perito sobre la ma­teria, e ilustraciones de Luis Fernando Castro, y relata con amenidad, para chicos y grandes, el proceso de la pe­pa milagrosa.

Estampas

El escritor boyacense Vicente Landínez Castro, ahora residente en Barichara, es autor de este volumen de prosa selecta, aparecido como homenaje a la ciudad de Tunja en sus 450 años de vida. Prosa limpia, refinada y castiza. Vicente, ahora confinado en su cartuja voluntaria de Ba­richara, dedica el tiempo de la edad dorada a meditar, leer y escribir, y cumple así la parábola del silencio creador.

Poetas de España y América

Con motivo de los quinientos años del Descubrimiento de América, la Fundación para la Investigación y la Cul­tura –FICA– entrega cuatro cuadernillos con prólogos y selecciones de Harold Alvarado Tenorio, Herbert Chamat y Gerardo Rivas Moreno, dedicados a los siguientes poetas: Nezahualcóyotl, al-Mu’Tamid de Sevilla, Rubén Darío y Jorge Manrique. Valiosa contribución al patrimonio americano.

Escritores de las Américas

El Centro Colombo Americano aportará, en conferencias iniciadas en febrero y que concluirán en noviembre de este año, un ciclo intelectual sobre importantes escritores del continente, que se complementarán con folletos ilustrados. He recibido el dedicado a Baldomero Sanín Cano por Rubén Sierra Mejía. Loable propósito éste de rendirle homenaje a América a través de calificados ensayos sobre nuestro proceso lite­rario.

E. E., 19-IV-1990.

Un liderazgo universitario

jueves, 10 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

La designación que ha hecho la Unión de Universidades de América Latina en el doctor Jorge Enrique Molina Mariño para ocupar la vicepresidencia de dicho organismo, constituye para nuestro país alto honor por tratarse de la entidad universitaria más antigua del mundo, y la más respetable de los países latinoamericanos, con 40 años de existencia. El galardonado, actual rector de la Universi­dad Central y que además fue su cofundador en el año de 1966, es un luchador tesonero de la educación colombia­na, a la cual le sirve con absoluta entrega, con grande­za de espíritu y con elocuentes realizaciones.

Ha consolidado, a lo largo de los años, el liderazgo que hoy tiene conquistado en defensa de las nobles cau­sas del hombre. Abogado del Externado de Colombia, especializado en derecho laboral en la Universidad Nacio­nal, con un posgrado obtenido en París en derecho pú­blico y otro en Estocolmo en economía cooperativa, el doctor Molina Mariño se ha preparado para los retos y las responsabilidades. Nada lo ha to­mado de sorpresa, porque antes estructuró la mente en las disciplinas del saber y la ética.

En el campo universitario se inició como profesor de las Universidades Nacional y Externado de Colombia; luego fue miembro de varios comités; más tarde ocupó la vicepresidencia de la Asociación Colombiana de Universi­dades, y finalmente fue elegido presidente de la misma institución y del Consejo Nacional de Rectores. En dos períodos ha ocupado la rectoría de la Universidad Cen­tral, con un total de 18 años de servicios, lo que re­presenta una prueba de resistencia y de idoneidad.

Ha obtenido numerosos títulos y distinciones, tanto de Colombia como del exterior. Ha pertenecido, y perte­nece, a organismos tan prominentes como la Sociedad Bolivariana de Colombia, Procultura, Instituto Colombiano de Estudios Latinoamericanos, Consejo Mundial de la Paz, Comité Permanente de los Derechos Humanos, Sociedad Ibe­roamericana de Periodismo, Confederación Colombiana del Deporte, Club de Abogados de Bogotá (actual vicepresiden­te), Sociedad Económica de Amigos del País, Federación Colombiana de Ajedrez (actual presidente), Sociedad Fran­cisco de Paula Santander, Academia de Historia de Santan­der. En fin, la lista es prolija y sólo se pretende dar una idea de este hombre múltiple que a todo y a todos se dispensa con vigor y dedicación, y que deja, en cuanta responsabilidad adquiere, vestigios de su productividad asombrosa.

No se sabe de dónde saca tiempo para responder a tal gama de compromisos. Lo que sí conoce el país, y so­bre todo quienes seguimos de cerca sus ejecuciones, es su amor por Colombia, por su cultura, por la libertad, por la dignidad del hombre. Con esos postulados ha conseguido conjugar campos tan variados como el de la educación universitaria, las con­tiendas del ajedrez y el deporte, las solemnidades de las academias y los desdoblamientos de los salones sociales.

*

Otra faceta suya destacable es su apoyo a los es­critores colombianos. La Universidad Central es tal vez la institución que más estimula la cultura nacional, con ediciones de libros, foros y conferencias. Es un hervi­dero intelectual. Una fábrica de cultura.

El nombramiento que se celebra en esta nota no hace sino refrendar el liderazgo bien ganado que ocupa el doctor Jorge Enrique Molina Mariño. Esto, sin duda, será motivo de complacencia general y ojalá se convierta en estímulo para que otros colombianos se superen en el ser­vicio a las causas nobles.

El Espectador, Bogotá, 20-VII-1989.

Categories: Educación Tags:

En Cúcuta la patria es ajena

jueves, 10 de noviembre de 2011 Comments off

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

¡Increíble! En Cúcuta, una de las ciudades más impor­tantes del país, no entra la televisión colombiana. Allí estuve en días pasados y me encontré con que ninguno de los canales de Colombia llegaba a la ciudad. Llamé al camarero, suponiendo que no sabía manejar el aparato, y el empleado me manifestó con gran naturalidad que en cambio podía escoger muy buena televisión venezola­na. «Es mejor que la colombiana», subrayó con regocijo.

Luego supe que esta falla no era nueva. De pronto se coge con esfuerzo una de las cadenas bogotanas y al po­co tiempo desaparece la imagen. ¿Qué sucede? Nadie se lo explica. En la ciudad todos saben que hay descuido de Inravisión, y tanto las autoridades como los ciuda­danos protestan de continuo sin lograr que el problema se solucione. Los cucuteños, entre tanto, ya se acos­tumbraron a sentir la patria lejana. Se resignaron a la desprotección oficial.

Se presenta así una peligrosa infiltración extranje­ra que hace desvanecer el sentido de pertenencia a la patria propia, y esto parecen ignorarlo las autorida­des, sobre todo las autoridades de Inravisión. Alguien me comentaba que la torre repetidora carece de mante­nimiento, no de ahora sino de hace mucho tiempo, y agre­gaba que es tanta la desidia, que por simple falta de combustible hay equipos que permanecen paralizados.

Sea lo que fuere, la patria no alcanza para los cucuteños, y cuando llega, se entrega a pedazos, por medias horas, y luego se borra en medio de cuatro cadenas venezolanas que a toda hora muestran la cara nítida del país vecino.

El alcalde de una población cercana a Cúcuta me con­taba que cuando a un muchacho de la escuela se le pregunta el nombre del presidente de Colombia, da el del presidente venezolano. Y si le piden la letra de nues­tro himno nacional, recita el de Venezuela. Estas juven­tudes desorientadas, para quienes la pantalla del tele­visor es el mejor medio de aleccionamiento, no tienen la culpa de equivocarse de patria y de gobernantes, si llevan en el cerebro los sucesos y los símbolos que se les transmiten desde el otro lado de la frontera.

La imagen de Mao se fijaba en la mente de los chinos des­de los primeros años de escuela, de tanto verlo y de tanto escuchar su nombre, y así se creó uno de los mo­numentos más impresionantes de la idolatría idiotizada.

Esto para decir que la televisión, bien o mal emplea­da, puede lo mismo beneficiar que perjudicar el desarro­llo de las mentes jóvenes. También influye en el jui­cio de los adultos, y una muestra es el camarero de ma­rras. La televisión, que es del Estado, debe preocupar­se por ser una cátedra de historia patria, en la que además se destierren los programas de violencia. Debe llegar a todos los rincones de la geografía colombiana, cada vez con mayor técnica.

*

Y cuando se trata de las fronteras, debe extremarse el celo patriótico. Allí, más que en el resto del país, es preciso afirmar el sentido nacionalista. Colombia debe palpitar en el corazón de los ciudadanos y reful­gir en las pantallas de la televisión. Hoy por hoy a Cúcuta –y a vanas poblaciones del Norte de Santander– no les alumbra ninguna señal de televisión.

Este signo de abandono –que se manifiesta en otros hechos, como una carretera deteriorada que incomunica a la región con el resto del   país, o un comercio de sobresaltos fron­terizos que hace azarosa la existencia–, permiten que allí la patria no sólo se sienta lejana sino también ajena.

El Espectador, Bogotá, 15-VII-1989.

Categories: Regiones Tags: