Inicio > Quindío > El costo de la muerte

El costo de la muerte

domingo, 16 de octubre de 2011

Por: Gustavo Páez Escobar

Que me perdonen algunos periodistas de la ciudad que en los últimos días, al decaer el prestigio del alcalde de Armenia, doctor Hugo Gómez Gómez, se fueron lanza en ristre contra su idea del homo crematorio. En el momento de la noticia, o mejor, del impacto de la noticia, la ciudadanía ponderó esa idea avanzada, pero cuando el burgomaestre se disminuyó ante algunos órganos periodísticos, se le censuró por no darles prelación a otros planes municipales.

Defiendo el acto de valor del doctor Gómez Gómez no sólo por lo que significa como programa de original ocurrencia y de indudable perso­nalidad, sino por llevar implícito un avance social.

El costo de la muerte, cuya incidencia nadie ignora, es uno de los mayores impuestos que debe sufragar el ciudadano. La funeraria, negocio voraz y usurero, sin medio de contrarrestarse ante la poca competencia de las empresas que ejercen en Armenia esa actividad, sale campante en sus ataques desmedidos contra el presu­puesto de las familias.

La funeraria es símbolo de carestía, pero sobre todo de especulación, y es aquí donde es preci­so valorar el acto administrativo del ex alcalde Gómez Gómez, quien sobreponiéndose a la resistencia de la propia Iglesia, dio un paso adelante en esta necesidad colectiva.

Si cada alcalde manda en su año, el nuestro también lo hizo con un aporte sustantivo. Demostró sentido común para hacerle ganar fuerza a una iniciativa nada fácil y, desoyen­do opiniones adversas y venciendo sus propios temores, fue capaz de dejar establecido un puntal para el futuro. Que no se continúe diciendo que el costo de un funeral está al alcance del bolsillo común, y ni siquiera del pudiente, porque esto es un sofisma de distracción.

Puede que el hor­no crematorio, establecimiento ya organizado en muchos sitios del mundo, y que en nuestro país se abre paso cada día más, no sea un programa para el futuro inmediato. Pero no hay duda de que se impondrá en poco tiempo.

Abaratar el costo del funeral es una obra social. La muerte es hoy una de las más gravosas cargas que pesan sobre la comunidad. La ciudad, no sobra repetirlo, carece de control sobre las casas de pompas fúne­bres, y el pobre ciudadano no ha hallado eco en las autoridades para que se le defienda en el agobiante trance de enterrar los muertos.

Aplaudo el gesto del ex alcalde al comprometerse, como lo hizo con gran éxito, en una planeación de tanta enverga­dura. Otros continuarán su idea. No se sabe si la actual administración, que ensaya diferentes derroteros, frenará o no dicha iniciativa. Pero la semilla ha quedado sem­brada.

La Patria, Manizales, 22-IV-1981.

Categories: Quindío Tags:
Comentarios cerrados.